Getsemaní V

 

 

Entra dentro de ti… Cierra la puerta y ora a tu Padre,

que está en lo escondido de tu corazón… Y tu Padre, que es bueno

y que ve lo secreto de ti, no te dará una piedra, ni una amenaza,

sino el pan de su Palabra y de su Amor…

 

Ven, Espíritu Consolador, Espíritu de la Verdad,

Tú que estás presente en todo, Tú que lo llenas todo,

Tesoro de bienes y Dador de vida…

Ven y mora en nosotros,

Purifícanos de toda mancha, salva nuestras almas,

Tú que eres bueno y amigo de cada persona humana

(PLEGARIA DE LA IGLESIA DE ORIENTE)

 

 

lectio    meditatio    oratio

 

 

55 En aquel momento dijo Jesús a la gente: “¡Habéis salido a detenerme con espadas y palos, como si fuese un bandido! Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis.

 

Escucha: el que obra mal detesta la luz (JUAN 3,20). Por eso vinieron de noche, con espadas y palos, y no se atrevieron de día.

Tú, como el justo del salmo 1, vive a la luz de mi Palabra, que es lámpara para tus pasos (SALMO 118), medita mi Ley día y noche, y no entres por la senda de las espadas y los palos.

 

Jesús, Hijo de Dios, Salvador, ten compasión de mí, que soy un pecador…

 

 

56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas”. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

 

Todo lo habían anunciado los profetas… Y todo también lo anuncia mi Pasión. Los relatos de mi Pasión son como un retablo de la Humanidad de todos los tiempos, también de la sociedad actual. Aquí aparecéis todos:

 

      • Las autoridades civiles y militares.
      • Las autoridades religiosas.
      • El pueblo, siempre a merced de unos poderes o de otros, repitiendo las consignas que unos u otros les dicen; igual gritan “hosanna” que “crucifícale”.
      • Los curiosos y superficiales, que hacen espectáculo de todo, hasta de la sangre.
      • Los que se ríen y hacen burla y chiste hasta del sufrimiento ajeno, y “mientras beben vino sacan coplas”.
      • Los que cuchichean y los que guardan silencio.
      • Las mujeres, los hombres.
      • Los que contemplan, los que lloran.
      • “Y en medio de Jesús” (MATEO 27,38), solo, muy solo, entre el cielo y la tierra, entre dos malhechores, como un maldito más. El hombre solo, abandonado de todos, del que huyeron todos… su madre estaba allí.
      • Aquí están los manipuladores y los manipulados, las víctimas y los verdugos.
      • Y el inocente maltratado, el justo perseguido, el despreciado, el calumniado, el rechazado, el proscrito… ante quien se vuelve el rostro.
      • Aquí estás también tú, en esta lista; tal vez en más de uno de los puntos.

 

Pasión de Cristo, confórtame… Oh buen Jesús, óyeme… Dentro de tus llagas, escóndeme… No permitas que me aparte de Ti….

 

 

Estas palabras finales del relato de Getsemaní son también como una síntesis de la condición humana, como un espejo donde todos vemos nuestro propio rostro, como una profecía: todos lo abandonaron y huyeron.

 

 

Todos lo abandonaron y huyeron

 

 

  • Todos me abandonaron y huyeron

Todos son todos. También tú, ay… El pecado es eso: abandonar a Dios o abandonar a los hermanos, desentenderse de todos y dedicarse a uno mismo, a lo que a uno le apetece o le agrada. Todos estabais encerrados en la rebeldía, en el pecado (ROMANOS 11,32). La Humanidad, Adán y sus hijos, dejasteis de conversar conmigo a la hora de la brisa, cada día (cf. GÉNESIS 3,8). “Todos se extraviaron igualmente obstinados, no hay uno que obre bien, ni uno solo” (SALMO 14). “Los entregué a su corazón obstinado para que vivieran según sus antojos” (SALMO 81,13).

 

  • Todos me abandonaron y huyeron.

Abandonar a Dios es una desgracia para el hombre, es el mal más terrible que puede padecer una persona: el pecado. Ninguna enfermedad es comparable al pecado, ninguna… “Doble mal ha hecho mi pueblo: me abandonaron a Mí, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen (JEREMÍAS 2,13). “Si conocieras el don de Dios y supieras quién es el que te dice ‘Dame de beber’, tú se lo habrías pedido a Él, y Él te habría dado agua viva” (JUAN 4,10).

 

  • Todos me abandonaron y huyeron.

Hay una búsqueda de Dios y hay también una huída de Dios. Hay una hospitalidad, una acogida del hombre, de la persona, de cada hombre, de cada mujer (y no sólo de los que me quieren o de los que me dan prestigio ante los demás)… Y hay un mirar a otro lado, un dar un rodeo, un evitar el encuentro, una huída del prójimo. Hija, hijo, ven, no huyas tú, aunque todos rehúyan la oración o el servicio humilde y escondido.

Ves que no te he nombrado ningún mandamiento, pero te he querido hacer caer en la cuenta de que todos sois tentados cada día en abandonar y huir, pues eso son todos los pecados que salen de dentro, del corazón de los hombres: “las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidias, injurias, insolencias, insensatez” (MARCOS 7,21-22).

Mis pequeños y amados discípulos: No vengas a Getsemaní solamente ahora, que se acerca la Pascua. Getsemaní es mucho más que el umbral de mi Pasión.

 

 

 

 

Plegaria del rey Balduino

 

(Yo) Qué importa si yo debo beber un amargo cáliz

y que sienta mi corazón triste hasta la muerte;

ya que eres tú, Jesús, quien quiere el sacrificio…

yo, yo no cuento.

 

Como tú quieras, Jesús: deja caer el velo,

muéstrame tu belleza, estréchame en tus brazos

o del cielo oscurecido esconde cada estrella,

yo… yo no cuento.

 

Dame, mi Señor, tu paz o la tempestad,

corona mis esfuerzos o no me sostengas ya,

bajo el peso del dolor deja inclinar mi cabeza,

yo… yo no cuento

 

Que siembre yo el amor o coseche la envidia

o que la ingratitud acompañe mis pasos…

Es sólo para ti, Señor, el devenir de mi vida,

yo… yo no cuento.

 

Que mi corazón sea martirizado, incluso por los que amo,

qué importa, Jesús mío, si seguirás amándome…

Si incluso el bien que hago levanta sospechas…

yo… yo no cuento.

 

Si con incesantes trabajos quieres que te honre,

o si debo languidecer en la importancia, ay,

qué importa, Jesús mío, tú lo quieres así, yo de adoro,

yo… yo no cuento

 

 Si debo acabar de subir al Calvario

y le falta incluso Cireneo a mis pasos,

qué importa, Jesús mío, tú verás mi miseria,

yo… yo no cuento.

 

(Jesús) Si tu fe, hijo mío, es tan grande y tan alta,

si quieres olvidarte de ti para vivir en mis brazos, Yo sí que sé. Yo puedo, Yo te amo… Y Yo cuento contigo,

cuando tú no cuentas.

 

(Yo) Qué importa mi placer, mi gozo, mi sufrimiento…

Sólo Jesús debe contar en mi corazón, aquí abajo.

La gloria sólo a Él, el honor y el reconocimiento.

yo… yo no cuento.

 

 

padrenuestro