Getsemaní IV

 

 

Entra dentro de ti… Cierra la puerta y ora a tu Padre,

que está en lo escondido de tu corazón… Y tu Padre, que es bueno

y que ve lo secreto de ti, no te dará una piedra, ni una amenaza,

sino el pan de su Palabra y de su Amor…

 

Ven, Espíritu Consolador, Espíritu de la Verdad,

Tú que estás presente en todo, Tú que lo llenas todo,

Tesoro de bienes y Dador de vida…

Ven y mora en nosotros,

Purifícanos de toda mancha, salva nuestras almas,

Tú que eres bueno y amigo de cada persona humana

(PLEGARIA DE LA IGLESIA DE ORIENTE)

 

 

lectio    meditatio    oratio

 

 

51 En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.

 

Yo reprocho este hecho violento. Ya dicen los Salmos “al que ama la violencia, Él lo odia” (cf. SALMO 11). A Mí no se me defiende con la espada, sino perdiendo la vida por Mí y por el Evangelio, con amor fiel hasta la muerte, hasta morir, no hasta matar (cf. JUAN 15,13). No quieras vencer ni convencer con la apologética de las palabras, sino sobre todo con el testimonio de un corazón manso y humilde, manso incluso en la humillación. Aprende de Mí, pequeño discípulo, aprende de tu Maestro, que soy manso y humilde de corazón. En Mí encontrarás el descanso de todos tus cansancios y agobios (cf. MATEO 11,29).

Verdaderamente soy tu Maestro y tu Señor. Te he dado ejemplo de no responder con violencia a la violencia. Ten en cuenta de que también hay una violencia verbal (el reproche, la descalificación, el juicio condenatorio…) y que la lengua puede ser mortal. Tú, hijo mío, en silencio, lava siempre los pies a tu prójimo.

 

Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios.

 

 

52 Le dijo entonces Jesús: “vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada perecerán a espada”.

 

Sí, apréndete también este “logion” de la espada; está en la misma línea de aquello que os dije: “la medida que uséis, la usarán con vosotros” (MARCOS 4,24); o “ no juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará una medida colmada, remecida, rebosante” (LUCAS 5,37-38). Es decir, con tu conducta en el momento presente, estás ya fabricando tu futuro. Si quieres misericordia, deberás tener ahora misericordia de tu compañero, de tu hermano, como Yo la he tenido siempre de ti (cf. MATEO 18,33).

Es humanamente rentable, escatológicamente bueno, perdonar ahora, amar a quien no te ama ahora, invitar a quien ahora no puede devolverte la invitación: porque serás perdonado, serás amado aun sin merecerlo, serás invitado al banquete del Reino.

 

Dios mío, Jesús Maestro, esto que dices es necedad para mucha gente en este mundo, pero es tu sabiduría misteriosa. Me hablas así porque conoces bien la herencia que nos dejó Adán, lo extraviado de mi corazón… y conoces también el amor sin límites que hay en el corazón de Dios. Gracias, Maestro bueno. No te canses de volcar tu sabiduría en mi mente y en mi corazón.

 

 

53 ¿O piensas que no puedo Yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?.

 

Cuando digo “rogar”, es como si dijera “pedir auxilio”, pedir la ayuda poderosa del Padre, para enseñarte que la oración es verdaderamente eficaz; que al punto, deprisa, viene el Padre a socorrer al Hijo, a sus hijos, enviándoles a sus ángeles. El Padre concede sin demora toda clase de auxilios y de cosas buenas a quien se lo pide.

¿No las pides porque no te lo crees, porque no crees en que Dios está atento a sus hijos, porque piensas que Dios tarda a responder, como Baal a sus profetas? (cf. 1º REYES 18,27). ¿Dudas de la bondad o del poder de Dios? ¿Olvidas la existencia de los ángeles, que Dios es creador también de todo lo invisible? (SÍMBOLO CONSTANTINOPOLITANO).

¿No crees que Dios mismo en persona, en la persona del Espíritu Santo, derramando en tu corazón y en el mío, no crees que Él es tu Auxilio, tu Defensor, tu Paráclito, Baluarte donde te pone a salvo? (SALMO 143).

 

Señor, Tú conoces todo en mí, Tú sabes de mi impiedad, y ves mis zonas de incredulidad, de falta de fe. Señor, yo creo, pero aumenta mi fe. Creo en el Espíritu Santo, Dios y Señor, Dador de vida, que procede del Padre y de ti, Jesús mío, mi Redentor.

Y creo en los ángeles, y en el ángel de mi guarda, a quien tengo a veces tan olvidado…

Y deseo ahora cantarte y adorarte, Señor, con la multitud de los ángeles. Y delante de los ángeles te pido perdón de mis pecados y confieso también Señor, que aunque sea a mi manera, a mi pobre manera de amar, yo te amo Señor.

Y proclamo la gloria imperecedera del Padre, que –en su amor sin medida- pone también a mi disposición los coros de los ángeles.

 

 

54 Mas, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que debe suceder así?”

 

Mira, Yo no puedo pedir a mi Padre doce legiones de ángeles. No puedo pedirle que no se cumpla su designio de amor a todos los hombres, que no se cumplan en Mí las Escrituras. Sólo puedo y quiero decirle: “Hágase en Mí según tu Palabra” (cf. LUCAS 1,38).

Tú tampoco, tú tampoco debes desear que no se cumpla su designio, no debes rehusar –te lo pido- a la dosis de sufrimiento que te une a Mí. Yo sufro lo que tú sufres: tus sufrimientos los hago también míos, son mis sufrimientos, porque te amo sin medida. Yo en ti y tú en Mí, unidos en la comunión del Espíritu Santo. El amor, cuando es amor verdadero, no escapa del sufrimiento, es paciente… y todo lo soporta (cf. 1º CORINTIOS 12,4.7). Aprende de Mí, apréndelo todo de Mí, que quiero ser tu único Maestro, hombre, pequeño y muy amado discípulo. Sigue aprendiendo en la escuela de Getsemaní, sigue aprendiendo a mi lado.

 

¡Dios mío de mi vida, de mi corazón y de mis entrañas!... No me sueltes, átame a Ti, que soy como las hojas de los árboles que mueve cualquier viento.

 

 

 

 

Plegaria del rey Balduino (4)

 

(Yo) Si debo acabar de subir al Calvario

y le falta incluso Cireneo a mis pasos,

qué importa, Jesús mío, tú verás mi miseria,

yo… yo no cuento.

 

(Jesús) Si tu fe, hijo mío, es tan grande y tan alta,

si quieres olvidarte de ti para vivir en mis brazos, Yo sí que sé. Yo puedo, Yo te amo… Y Yo cuento contigo,

cuando tú no cuentas.

 

(Yo) Qué importa mi placer, mi gozo, mi sufrimiento…

Sólo Jesús debe contar en mi corazón, aquí abajo.

La gloria sólo a Él, el honor y el reconocimiento.

Yo… yo no cuento.

 

 

padrenuestro