Atrio

 

 

statio

 

Entra dentro de ti… Cierra la puerta y ora a tu Padre,

que está en lo escondido de tu corazón… Y tu Padre, que es bueno

y que ve lo secreto de ti, no te dará una piedra, ni una amenaza,

sino el pan de su Palabra y de su Amor…

 

Ven, Espíritu Consolador, Espíritu de la Verdad,

Tú que estás presente en todo, Tú que lo llenas todo,

Tesoro de bienes y Dador de vida…

Ven y mora en nosotros,

Purifícanos de toda mancha, salva nuestras almas,

Tú que eres bueno y amigo de cada persona humana

(PLEGARIA DE LA IGLESIA DE ORIENTE)

 

lectio

Tanto amó Dios al mundo

que entregó a su Hijo unigénito para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.

(JUAN 3,16) 

meditatio

 

Cuando tú naciste, mi Padre ya me había entregado a mí, su Isaac.

Cuando naciste, Yo había subido ya a la Cruz y había resucitado.

Pocas horas después de haber nacido, te bautizaron, te sumergieron en mi Muerte de amor y en mi Resurrección.

Toda tu existencia ha transcurrido en tiempos de consuelo, de gracia y de consuelo.

En el pregón pascual, se canta, año tras año: “Por rescatar al esclavo entregaste al Hijo”

Tanto, tantísimo amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, entregó todo lo que tenía, y en Mí tenía todas sus delicias. Me entregó por vosotros, por ti…

Y Yo no me rebelé, no me resistí. Y en Getsemaní bebí todo el cáliz del Padre. Yo mismo me entregué. No me entregó Judas. Fui Yo quien se ofreció al Padre, rostro en tierra: “no lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieras”.

No se si te das cuenta de todo lo que se encierra en este adverbio, en esta palabra: “tanto”.

      • El Padre amó tanto a la humanidad, a este mundo nuestro, que llegó a la entrega de su propio y único Hijo.
      • Yo, el Hijo, soy el Entregado. Y me entregaron, me entregué al sufrimiento, a padecer: malos tratos sicológicos (burlas, insultos, calumnias, traiciones, todos me abandonaron). Malos tratos y violencia física (flagelación, corona de espinas, bofetadas, escupitajos). Y finalmente la muerte (ejecutado en la Cruz como un malhechor).
      • Como fruto de todo esto, el Espíritu Santo fue entregado, derramado en los corazones: perdón y promesa, reconciliación y alianza eterna.

Tal historia de Amor, del amor que sobrepasa y va infinitamente más allá que todos los amores humanos, tal historia de amor fue y es realmente por vosotros, por ti.

 

Si todavía te sientes no amado, no suficientemente amado, no muy amado, dime qué más puedo hacer por ti, dímelo ahora. Mi amor es paciente, dime lo que te falta, pues Yo lo aguanto todo por ti.

 

Y toma nota de la razón de todo, de las razones de mi amor:

              • Para que no perezcas, porque el pecado os deja maltrechos, el alejamiento de Dios (esto es el pecado) os lleva a la muerte.
              • Porque fuisteis creados para un amor infinito, el amor divino, y, sin este amor, sin daros cuenta os morís.
              • Si, padecí para que te supieras y sintieras infinitamente amado, y no perecieras.
              • Yo no quiero que perezcas, que desaparezcas, sino que tengas vida eterna. La vida eterna no es sólo resurrección tras la muerte, es respirar ya amor sin límites, día y noche; es respirar el aire que Yo respiro: el aliento vital del Amor, del Santo Espíritu.

Ven,

acércate a Mí,

no tengas miedo,

respira hondo conmigo

en el Espíritu Santo.

Respirar es vivir.

              • Compadecido del extravío de los hombres, de las mujeres, quise nacer de la Virgen… No quiero verte respirar los aires venenosos del egoísmo, de la soberbia… bajo la lluvia ácida del pecado, de las lejanías de Dios.

No te alejes, ven,

vive conmigo, en Mí, escondido en Mí.

Respira a solas conmigo, cerca de Mí,

no te quedes lejos, goza y sufre mi amor.

Permanece conmigo, en Mí, solos… aunque te duela.

No hagas inútil mi Pasión, mi Cruz, mi agonía de Getsemaní. Allí quiero llevarte, estos días. Ven

 

oratio

 

 

 

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame

Sangre de Cristo, embriágame

Agua del costado de Cristo, lávame

Oh buen Jesús, óyeme

Dentro de tus llagas, escóndeme

No permitas que me aparte de Ti

Del maligno enemigo, defiéndeme

En la hora de mi muerte, llámame

y mándame ir a Ti

para que con tus santos te alabe

por los siglos de los siglos.

Amén

(SAN IGNACIO DE LOYOLA)

 

contemplatio

Hay cosas de amor que no se saben decir con palabras, pero se pueden decir con la mirada. Las palabras se quedan pequeñas.

La pasión del Señor es un lugar especialmente propicio para la mirada contemplativa, para el “amor silencioso” (JUAN DE LA CRUZ).

¿Cómo reaccionar, cómo responder a un amor inaudito, tan diferente, un amor tan incomparable, un amor tan “hasta el extremo”?

¿Cómo agradecerle que cargara con nuestros pecados, con todo el pecado del mundo? ¿cómo agradecerle que “muriendo, destruyera nuestra muerte y, resucitando, restaurara la vida?

¿Cómo, qué hablar con un hombre sumergido en el sufrimiento, abandonado y solo, por puro amor nuestro?

Cuando no se tiene ya palabras, nos queda la mirada, silenciosa y encendida, humilde y llena de gratitud y confianza… nos queda la mirada.

Y eso es la contemplación.