Notas al capítulo IX:

Cuántos salmos han de decirse en las Horas nocturnas.

 

 

1-8 Primer Nocturno.

El oficio, sin ningún otro preámbulo, comienza con el versículo: Domine labia mea aperies… Invocación al Señor para que al abrir los labios en medio del gran silencio de la noche, purificados de toda mancha, reciban la ayuda necesaria para vibrar en una sola voz en alabanza de Aquel que es digno de todo honor y gloria.

2. San Benito parece ser el primero en establecer un salmo fijo que sirviera de introducción a las Vigilias. Lo mismo puede decirse del salmo 66 en el oficio matutino. Se trata aquí del salmo tercero, escogido probablemente por razón del versículo 5: Ego dormivi et soporatus sum… Reconocimiento por el descanso tranquilo que ha precedido, y por el nuevo impulso de vida recibido para la nueva jornada que empieza. Expresa una actitud filial y confiada.

Gloria. La doxología es como el aglutinante de todos los sentimientos contenidos en los salmos, a los que a la vez eleva y cristianiza. Posiblemente se empleaba como fórmula de doxología la que se había establecido en 529 en el sínodo de Vaison, es decir: insistiendo en la fórmula usual Gloria Patri et Filio Spiritui Sancto et nunc et Samper et in saecula saeculorum. Amen.

3. Es el salmo llamado invitatorio, tan perfectamente adaptado al momento, tanto por su principio como por su contenido. Es una invitación a aclamar a Dios y a adorarlo, y dispone del espíritu para el homenaje de alabanza que constituye todo el oficio divino que empieza.

Antífona. La fórmula antífona que aparece en el latín tardío, no se encuentra apoyada por ninguno de los mejores códices de la Regla. Así se hablaba de “salmodia antifonal” por oposición a la “salmodia responsorial”. San Ambrosio fue quien la introdujo en Milán y de allí se extendió por todo el Occidente. Pero ya en el siglo IV, salmos y antífonas se mencionan distintamente. La pieza que el coro repetía después de cada versículo o grupo de versículos es lo que san Benito entiende ya por antífona. Sobre si en tiempo de san Benito se alternaban los salmos a dos coros o bien si el coro respondía a los versículos que cantaba un solista, los autores no están de acuerdo.

Al menos cantado. El salmo 94 se dirá con antífona, como aún hoy día, o sin ella, pero pausadamente para dar tiempo a los que lleguen tarde, ya que, suprimiendo la antífona que se intercalaba entre los versículos del salmo, su duración se reduce notablemente.

4-5. Con el himno termina la parte introductoria y se pasa al cuerpo del oficio nocturno: los salmos con las antífonas, y las lecciones con los responsorios. El himno es unote los elementos que san Benito adopta de la liturgia de Milán. Es probable que su difusión por las iglesias occidentales se debiese a la influencia del oficio de los monjes de san Benito. Los himnos a los que san Benito podía referirse, aunque no todos tuvieran a san Ambrosio por autor, están escritos según el metro usado por el gran obispo de Milán: dímetro yámbico. Además, bien puede llamarse a este el padre de la hipnología latina, pues a él se debe el puesto que los himnos han llegado a ocupar en el culto cristiano.

Seis salmos. El Salterio es el devocionario bíblico. Toda la tradición cristiana lo ha considerado como el libro manual más útil para la plegaria, y la Iglesia lo ha adoptado como el medio más adecuado para expresar todos sus sentimientos delante de Dios. Es el mismo Espíritu de Dios quien los ha inspirado, Aquel que con gemidos inefables ora en el alma del cristiano y del monje, y sabe perfectamente qué es lo que a éste le conviene y qué es lo que agrada a Dios.

Dicho el verso. El verso es una breve frase sacada, por lo común, de los salmos. Se compone de dos miembros: uno o más cantores entonan el primero, y el coro dice el segundo a modo de respuesta. Bäumer pretende hallar vestigios de su empleo en la liturgia del siglo I.

Bendición del abad. La bendición antes de la lectura se había practicado ya en tiempos de san Ambrosio. Es la cabeza de la asamblea de los monjes, el padre, quien implora del cielo las bendiciones a favor de aquellos que en el oficio divino deberán prestar su servicio a los hermanos, con las lecturas santas. Éstas, probablemente de larga duración, serán interrumpidas solamente por el canto de los responsorios, en que coro y solistas alternan la melodía para expresar el efecto que ha producido en su interior la palabra de Dios. La lectura es una meditación sustanciosa interrumpida tres veces por las efusiones sonoras del espíritu que no puede menos de expresar lo que siente. Una sola bendición bastaba para las tres o cuatro lecciones que se podían recitar en un nocturno. La bendición no se distinguía de la absolutio que hoy tenemos en nuestro breviario.

Lean… Las lecciones eran leídas, no cantadas, es decir: sin melismas o adornos musicales; pero ello no quiere significar que leyeran sin modulación alguna de la voz. .

Tres lecciones. La disposición de lecturas en el oficio benedictino representa un acuerdo entre los usos Sinaítico y Pacomiano. El oficio pacomiano tenía dos lecturas, una del Antiguo y otra del Nuevo Testamento, al final de los doce salmos; en los monasterios del Sinaí, en cambio, dividíase la salmodia en tres partes, alternando cada una de ellas con una extensa lección de las Epístolas. El oficio de san Benito admite de este último la alternancia de la salmodia con las lecciones, y del primero, la distribución de la lectura entre el Antiguo y el Nuevo testamento.

Responsorio. La salmodia responsorial, por oposición a la antifónica, consistía en una especie de diálogo entre un solista y el coro.

6-7. Dos de ellos… Después del tercer responsorio concluye el primer nocturno con el canto del Gloria Patri, que modula el cantor; en este momento la asamblea se pone en pie con toda reverencia. Es un acto de adoración a la augusta Trinidad, que viene a resumir las aspiraciones del alma saturada de sus dones.

8. Códices… Los libros que deberán leerse en estas horas será solamente los del Antiguo y Nuevo Testamento, o sea, la revelación de los misterios de Dios, y los comentarios y exposiciones que puedan contribuir a su conocimiento y a profundizar su sentido, no siempre fácil de entender. Sin embargo, es necesario prevenirse contra la falsedad y el error. Conviene ser cauto en lo que se escoge, no sea que ocurra alguna desviación en el camino de la verdad. Los más indicados son los escritos de los Padres de la Iglesia cuya fidelidad a la fe católica es reconocida de todos. Esta recomendación deja entrever una gran libertad en las lecturas del oficio. Es éste el primer testimonio de la lectura de escritos de los Santos Padres en el oficio divino.

 

9-11. Segundo Nocturno.

Nuevamente los salmos inician la plegaria. El segundo nocturno termina en forma distinta y más conclusiva. Una breve lección en la que se deja oír la palabra vibrante del Apóstol, unas breves súplicas en forma de letanía, coreadas por todos, con el Kyrie eleison y una bendición. Así terminaba la plegaria oficial de la noche. El alma permanece embebida en la gracia de la contemplación de las cosas de Dios, y continúa meditándolas.

10. Lección del Apóstol. San Benito parece ser el primero en usar la lección breve así en las Vigilias como en las horas del día; con el tiempo esa breve lección se denominó también capitulum porque solía comprender el contenido de un capítulo.

Preces de la letanía. Es posible que san Benito se refiera a la oratio fidelium, plegaria por todas las necesidades de la Iglesia. En verdad, así en Oriente como en Occidente, esta oración formaba parte del Oficio de la mañana y de las Vísperas. En la liturgia libanesa conservó el nombre de Litania. Mas esta expresión de la Regla obliga a suponer que, en todo caso, la letanía del oficio benedictino se componía de una serie de peticiones a las que se contestaba Kyrie eleison.

Por san Cesáreo de Arlés, san Aureliano y el Concilio de Agda sabemos que en las iglesias del sur de las Galias estas peticiones se formaban con versículos de los salmos; de ahí que se diese a la letanía el nombre de capitella. No sería improbable que en el monasterio de san Benito se rezase también de este modo, puesto que tan a menudo utiliza versículos de los salmos como elemento de composición litútgica. La oración por los ausentes a que se alude en Ragla 67,2 podía ser una de las peticiones de esta letanía. El monasterio podía considerar como muy propias gran parte de las peticiones que en la Oratio fidelium no acostumbraban a faltar: por su abad y sus sacerdotes, sus enfermos, protectores, ausentes, difuntos; tenía también sus pecadores y sus penitentes; todos los monjes se sentirían aludidos en la súplica por los continentes; necesitaban además la lluvia y el buen tiempo para la fecundidad de sus campos de cultivo.

Esta letanía, de mayor o menor extensión, ¿se realizaría al fin de todas las horas canónicas? Puede notarse que san Benito se sirve del nombre de litanía cuando se trata de las grandes horas canónicas, y el de Kyrie eleison cuando se refiere a las demás horas del día. Según Callewaert al final del Oficio de la mañana y de Vísperas se rezaría la letanía en toda su extensión; en las demás horas, en cambio, se diría solamente la supplicatio litaniae, es decir, la invocación Kyrie eleison, sin la larga serie de peticiones. Sin embargo, cabe recordar que san Cesáreo prescribe los capitella al final de todas las horas, sin distinción alguna.