Introducción al capítulo VI

El medio normal de comunicación entre los hombres es la palabra, vehículo del pensamiento. En este capítulo san Benito nos dice con simplicidad que, ya que el monje busca la vida interior del espíritu y la intimidad del Señor que obra en él, debe alejarse de la disipación del hablar, sustituyendo este movimiento natural hacia el exterior, por otro en dirección opuesta. Si éste último es verdadero, espontáneamente vivirá el monje en silencio.

No es el silencio de san Benito una aversión al trato humano; no es misantropía, ni siquiera el resultado de una obra negativa de limitación, ni mucho menos todavía un intento de destrucción de este vínculo natural y excelente entre los hombres, que es la palabra. El santo legislador ha pretendido describir un voluntario y virtuoso hábito de callar, un silencio intencional, saturado de vida interior, fruto natural de la madurez espiritual. La simplicidad, la humildad de corazón y la eficacia de la acción del Espíritu lo exigen como ornamento y a la vez como muro de protección.

Contenido del capítulo:

1

Texto escriturístico.

2

Comentario.

3-8

Aplicaciones:

 

3-5

en general;

 

6-7

en relación con los superiores;

 

8

palabras inconvenientes.

 

 

  Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

Capítulo VI. Del silencio.

24 en., 25 may., 24 set.

 

1Cumplamos nosotros lo que dijo el profeta: “Yo me dije: vigilaré mi proceder para no pecar con la lengua. Pondré una mordaza a mi boca. Enmudecí, me humillé y me abstuve de hablar aun de cosas buenas”. 2Enseña aquí el profeta que, si  hay ocasiones en las cuales debemos renunciar a las conversaciones buenas por exigirlo así el mismo silencio, cuánto más deberemos abstenernos de las malas conversaciones por el castigo que merece el pecado. 3Por lo tanto, dada la importancia que tiene el silencio, raras veces recibirán los discípulos perfectos licencia para hablar, incluso cuando se trate de conversaciones honestas, santas y de edificación, para que guarden un silencio lleno de gravedad. 4Porque escrito está: “En mucho charlar no faltará pecado”. 5Y en otro lugar: “Muerte y vida están en poder de la lengua”. 6Además, hablar y enseñar incumbe al maestro; pero al discípulo le corresponde callar y escuchar.

7Por eso, cuando sea necesario preguntar algo al superior, debe hacerse con toda humildad y respetuosa sumisión. 8Pero las chocarrerías, las palabras ociosas y las que provocan la risa, las condenamos en todo lugar a reclusión perpetua. Y no consentimos que el discípulo abra su boca para semejantes expresiones.