Introducción al capítulo V

La obediencia es el camino seguro, único, para llegar a Dios. Coloca a la criatura en el lugar que le corresponde dentro de la obra armónica de la creación. Si esa obediencia es perfecta, la mantiene completamente unida a la voluntad de Dios, y no de una manera estática, sino que moviéndose ambas voluntades al unísono, hace que la humana colabore con la divina y sea plasmación continua del querer de Dios. San Benito  ha comprendido la trascendencia de esta virtud moral a la luz de la figura de Cristo, quien para dar cumplimiento a su obra redentora, opuso a la desobediencia de los primeros padres una obediencia total a la voluntad del Padre celestial. Para san Benito , pues, la obediencia es, junto con la humildad, la base del ascetismo monástico.

Contenido del capítulo:

1-6

Naturaleza y motivos de la obediencia

7-15

Cualidades de la obediencia

16-19

Disposiciones internas.

 

 

  Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

Capítulo V. De la obediencia.

22 en., 23 may., 22 set.

1El primer grado de humildad es la obediencia sin demora. 2Exactamente la que corresponde a quienes nada conciben más amable que Cristo. 3Estos, por razón del santo servicio que han profesado, o por temor del infierno, o por el deseo de la vida eterna en la gloria, 4son incapaces de diferir la realización inmediata de una orden tan pronto como ésta emana del superior, igual que si se lo mandara el mismo Dios. 5De ellos dice el Señor: “Nada más escucharme sus oídos, me obedeció”. 6Y dirigiéndose a los maestros espirituales: “Quien os escucha a vosotros, me escucha a mí”.

7Los que tienen esta disposición prescinden al punto de sus intereses particulares, renuncian a su propia voluntad y, 8desocupando sus manos, dejan sin acabar lo que están haciendo por caminar con las obras tras la voz del que manda con pasos tan ágiles como su obediencia. 9Y como en un momento, con la rapidez que imprime el temor del Dios, hacen coincidir ambas cosas a la vez: el mandato del maestro y su total ejecución por parte del discípulo.

10Es que les consume el anhelo de caminar hacia la vida eterna, y 11por eso eligen con toda su decisión el camino estrecho al que se refiere el Señor: “Estrecha es la senda que conduce a la vida”. 12Por esta razón no viven a su antojo ni obedecen a sus deseos y apetencias, sino que, dejándose llevar por el juicio y la voluntad de otro, pasan su vida en los cenobios y desean que les gobierne un abad. 13Ellos son los que indudablemente imitan al Señor, que dijo de sí mismo: “No he venido para hacer mi voluntad, sino la de Aquel que me envió”.

23 en.; 24 may.; 23 set.

14Pero incluso este tipo de obediencia sólo será grata a Dios y dulce para los hombres cuando se ejecute lo mandado sin miedo, sin tardanza, sin frialdad, sin murmuración y sin protesta. 15Porque la obediencia que se tributa a los superiores, al mismo Dios se tributa, como él mismo lo dijo: “El que a vosotros escucha, a mí me escucha”. 16Y los discípulos deben ofrecerla de buen grado, porque “Dios ama al que da con alegría”. 17Efectivamente, el discípulo que obedece de mala gana y murmura, no ya con la boca, sino sólo con el corazón, 18aunque cumpla materialmente lo preceptuado, ya no será agradable a Dios, pues ve su corazón que murmura, 19y no conseguirá premio alguno de esa obediencia. Es más, cae en el castigo correspondiente a los murmuradores, si no se corrige y hace satisfacción.