Introducción al capítulo IX.

En el capítulo 9 comienza san Benito a disponer el oficio divino con todo detalle. Fundándose en principios de tradición monástica, reúne y ordena elementos litúrgicos que en su tiempo aparecen en uso en distintas iglesias. Por lo que se refiere a su adopción, en concreto, de elementos del oficio romano. Según Callewawrt, lo que san Benito tomaría del culto de las basílicas romanas coincide precisamente con lo que en la Regla aparece menos determinado, pues se suponía como más conocido. Sin embargo, aun admitiendo tal suposición, la originalidad del oficio benedictino es innegable, así en el conjunto como en sus muchos detalles.

Los elementos principales del oficio de la noche son los salmos y las lecturas, mas el nervio esencial lo constituyen los salmos. De ahí que el título del capítulo nombra la parte por el todo, pues se determina en el contenido toda la composición del oficio nocturno durante el invierno y en los días feriales.

 

Contenido del capítulo:

1-8

Primer nocturno

9-11

Segundo nocturno

 

La tradición de una plegaria nocturna es tan antigua como el mismo Cristianismo. Los santos Padres aluden a ella reiteradamente. Pero debe distinguirse claramente entre el oficio nocturno cotidiano y las Vigilias solemnes de los domingos o fiestas, según el cual tanto los Nocturnos cotidianos como las Vísperas se habían originado de las Vigilias dominicales; opina, en cambio, que ambos oficios –Nocturnos y Vigilias- corresponden a dos intenciones y conceptos distintos. Lo que en el siglo III pudo ser oración privada de la noche o de la mañana se convirtió en oficio nocturno o matutino a primera mitad del siglo IV y, junto con el oficio vespertino, constituyó un canon. Es particularmente en la tradición monástica en la que vemos aparecer y perfilarse las características del oficio nocturno. La llamada “regla del ángel” estableció una constitución uniforme de doce salmos para las Vísperas y los Nocturnos. Después de cada salmo quedaba un intervalo de tiempo para orar en silencio. Al último salmo se respondía con el aleluya. Este postrer salmo aleluyático orientó de ante mano todo el oficio. Para concluir el Nocturno se eligieron los salmos de alabanza 148, 149 y 150; estos tres, denominados Laudes, constituyeron más tarde el núcleo esencial del oficio siguiente, formándose la nueva hora canónica de la mañana. En Oriente, aún después de la introducción del oficio matutino, continuaron cantándose los salmos 148-150 también como conclusión de los Nocturnos.

Nótese que san Benito conservó este primer espíritu de la oración nocturna; quiso que el aleluya fuese como la meta a que debía dirigirse la plegaria, disponiendo que sirviera de antífona al último nocturno, así en domingo como en los días de entre semana.

Conviene tener presente que, como se ha advertido, el oficio que san Benito designa con el nombre de Vigiliae es el que modernamente se ha llamado Maitines y que lo que él llama Matutini equivale, en nuestra terminología, a las Laudes.

 

  Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

Capítulo IX. Cuántos salmos han de decirse en las Horas nocturnas..

 

11 feb.; 12 jun.; 12 oct

1En el mencionado tiempo de invierno se comenzará diciendo en primer lugar y por tres veces este verso: “Señor, ábreme los labios, y mi boca proclamará tu alabanza”. 2Al cual se añade el salmo 3 con el gloria. 3Seguidamente, el salmo 94 con su antífona, o al menos cantado. 4Luego seguirá el himno ambrosiano, y a continuación seis salmos con antífonas. 5Acabados los salmos y dicho el verso, el abad da la bendición. Y sentándose todos en los escaños, leerán los hermanos, por su turno, tres lecturas del libro que está en el atril, entre las cuales se cantarán tres responsorios. 6Dos de estos responsorios se cantan sin gloria, y en el que sigue a la tercera lectura, el que canta dice gloria. 7Todos se levantarán inmediatamente cuando el cantor comienza el gloria, en señal de honor y reverencia a la Santísima Trinidad. 8En el oficio de las vigilias se leerán los libros divinamente inspirados, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, así como los comentarios que sobre ellos han escrito los Padres católicos más célebres y reconocidos como ortodoxos.

9Después de estas tres lecciones con sus responsorios seguirán otros seis salmos, que se han de cantar con aleluya. 10Y luego viene una lectura del Apóstol, que se dirá de memoria; el verso, la invocación de la letanía, o sea, el Kyrie eleison, 11y así se terminan las vigilias de la noche.