Introducción al capítulo LXXIII

 

IX.   EPÍLOGO

Además del carácter adicional que tienen los últimos capítulos de la santa Regla, existen en diferentes pasajes de la misma ciertas formas conclusivas que hacen pensar en un final del texto. Tales son, por ejemplo, las que se hallan en los c.66 y 72. Ello no es de extrañar, si se tiene en cuenta que la Regla no ha sido redactada sin interrupción. El capítulo 73 pone punto final al código monástico. S.B. presenta su Regla, indica el carácter y finalidad de su legislación, esboza un pequeño catálogo de biblioteca monástica, con la que el monje pueda ensanchar sus horizontes de ciencia espiritual, y aprovecha la solemnidad del momento para arengar por última vez al monje en la conquista de las cumbres de virtud y perfección.

A pesar del tono conclusivo que tiene este capítulo, está saturado de aquella doctrina práctica y consecuente de que tantas pruebas ha dado S.B. a lo largo de todo su trabajo. En diferentes ocasiones el santo legislador ha insistido sobre la necesidad de las obras. No concibe que el monje se quede ensimismado en la contemplación de una bella teoría; es preciso poner en práctica, y con la mayor perfección posible, todo aquello que conduce al logro del ideal antevisto al emprender la vida monástica: la unión con Dios.

Contenido del capítulo:

1

Carácter y objetivo de la Regla.

2-7

Normas superiores de vida espiritual, y primer catálogo de biblioteca monástica.

8-9

Exhortación paternal de despedida.

 

 

Capítulo LXXIII. De que no toda la práctica de la justicia está prescrita en esta Regla.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

1 may., 31 ago., 31 dic.

1Hemos esbozado esta regla para que, observándola en los monasterios, demos pruebas, al menos, de alguna honestidad de costumbres o de un principio de vida monástica. 2Mas el que tenga prisa por llegar a una perfección de vida, tiene a su disposición las enseñanzas de los Santos Padres, que, si se ponen en práctica, llevan al hombre hasta la perfección. 3Porque efectivamente, ¿hay alguna página o palabra inspirada por Dios en el Antiguo o en el Nuevo Testamento que no sea una norma rectísima para la vida del hombre? 4¿O es que hay algún libro de los Santos Padres católicos que no nos repita constantemente que vayamos por el camino recto hacia el Creador? 5Ahí están las Colaciones de los Padres, sus Instituciones y Vidas, y también la Regla de nuestro Padre San Basilio. 6¿Qué otra cosa son sino medios para llegar a la virtud de los monjes obedientes y de vida santa? 7Mas para nosotros, que somos perezosos, relajados y negligentes, son un motivo de vergüenza y confusión.

8Tú, pues, quienquiera que seas, que te apresuras por llegar a la patria celestial, cumple, con la ayuda de Cristo, esta mínima regla de iniciación que hemos bosquejado, 9y así llegarás finalmente, con la protección de Dios, a las cumbres más altas de doctrina y virtudes que acabamos de recordar. Amén.