Introducción al capítulo LXXII

 

S.B. acaba compendiando en pocas frases la doctrina de estos últimos capítulos, y concentra su atención en un solo punto que sintetiza la vida monástica, lo mismo que la cristiana: la caridad. Todas sus expresiones rezuman bondad sobrenatural; sus conceptos, trascendiendo los límites del mundo natural, fijan nuestra mirada en aquellas visiones serenas, luminosas, de la primera parte de la Regla: Dios es todo amor; el hombre es todo afán de superación; le acucian las ansias de reproducir en sí mismo algo de la belleza, bondad y verdad del Ser supremo. Y para obtenerlo, nada tan adecuado como el amor.

Contenido del capítulo:

1-2

Proposición: Dualidad de caminos según el celo

3-12

Exposición del buen celo

 

 

Capítulo LXXII. Del buen celo que deben tener los monjes.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

30 abr., 30 ago., 30 dic.

1Si hay un celo malo y amargo que separa de Dios y conduce al infierno, 2hay también un celo bueno que aparta de los vicios y conduce a Dios y a la vida eterna. 3Este es el celo que los monjes deben practicar con el amor más ardiente; 4es decir: “Se anticiparán unos a otros en las señales de honor”. 5Se tolerarán con suma paciencia sus debilidades tanto físicas como morales. 6Se emularán en obedecerse unos a otros. 7Nadie buscará lo que juzgue útil para sí, sino, más bien, para los otros. 8Se entregarán desinteresadamente al amor fraterno. 9Temerán a Dios con amor. 10Amarán a su abad con amor sincero y sumiso. 11Nada absolutamente antepondrán a Cristo; 12y que él nos lleve a todos juntos a la vida eterna.