Introducción al capítulo LV

 

Es una materia importante dentro de la larga serie de capítulos (31-57) relacionados con el mayordomo del monasterio y la administración de las cosas materiales. Viene a ser como un paréntesis en medio del tratado especial de las relaciones del monasterio con el exterior (53-57). S.B. detalla la indumentaria monástica, que es la parte más visible y externa del monje, y por la cual se le juzga a menudo. Ya desde un principio el monaquismo adoptó un vestuario más o menos concreto que en breve resultó distinto del vestido ordinario de los seglares. Esta diferenciación constituye un complemento de la clausura, pues mantiene al monje a distancia del mundo y le separa de los que en él viven. Tiene además otros aspectos beneficiosos para el monje. Ya los antiguos monjes buscaron un simbolismo en cada una de las prendas que integran el hábito monástico. Le recuerda siempre al monje su condición de segregado del mundo para llevar una vida de austeridad; le trae a la memoria, al mismo tiempo, su dignidad y nobleza espiritual, el honor de su profesión y sobre todo, su consagración a Dios.

Contenido del capítulo:

1-3

Principio general para la fijación de la indumentaria monástica.

4-6

Aplicación  del principio a los climas templados.

7-8

Cualidades de los vestidos.

9-14

Norma para el uso de las prendas de vestir.

15

Aderezo de la cama.

16-17

Vigilancia que ejerce el abad sobre el vicio de la propiedad.

18-22

El abad distribuye las cosas necesarias según determinados principios.

 


Capítulo LV. Del vestido y calzado de los monjes.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

7 abr., 7 ago., 7 dic.

1Ha de darse a los hermanos la ropa que corresponda a las condiciones y al clima del lugar en que viven, 2pues en las regiones frías se necesita más que en las templadas. 3Y es el abad quien ha de tenerlo presente.

4Nosotros creemos que en los lugares templados les basta a los monjes con una cogulla y una túnica para cada uno 5–la cogulla lanosa en invierno, y delgada o gastada en verano–, 6un escapulario para el trabajo, escarpines y zapatos para calzarse.

7No hagan problema los monjes del color o de la tosquedad de ninguna prenda, porque se adaptarán a lo que se encuentre en la región donde viven o a lo que pueda comprarse más barato. 8Pero el abad hará que lleven su ropa a la medida, que no sean cortas sus vestimentas, sino ajustadas a quienes las usan.

9Cuando reciban ropa nueva devolverán siempre la vieja, para guardarla en la ropería y destinarla luego a los pobres. 10Cada monje puede arreglarse, efectivamente, con dos túnicas y dos cogullas, para que pueda cambiarse por la noche y para poder lavarlas. 11Más de lo indicado sería superfluo y ha de suprimirse. 12Hágase lo mismo con los escarpines y con todo lo usado cuando reciban algo nuevo.

13Los que van a salir de viaje recibirán calzones en la ropería y los devolverán, una vez lavados, cuando regresen. 14Tengan allí cogullas y túnicas un poco mejores que las que se usan de ordinario para entregarlas a los que van de viaje y devuélvanse al regreso.

 

8 abr., 8 ago., 8 dic.

15Para las camas baste con una estera, una cubierta, una manta y una almohada.

16Pero los lechos deben ser inspeccionados con frecuencia por el abad, no sea que se esconda en ellos alguna cosa como propia. 17Y, si se encuentra a alguien algo que no haya recibido del abad, será sometido a gravísimo castigo. 18Por eso, para extirpar de raíz este vicio de la propiedad, dará a cada monje lo que necesite; 19o sea cogulla, túnica, escarpines, calzado, ceñidor, cuchillo, estilete, aguja, pañuelo y tablillas; y así se elimina cualquier pretexto de necesidad.

20Sin embargo, tenga siempre muy presente el abad aquella frase de los Hechos de los Apóstoles: “Se distribuía según lo que necesitaba cada uno”. 21Por tanto, considere también el abad la complexión más débil de los necesitados, pero no la mala voluntad de los envidiosos. 22Y en todas sus disposiciones piense en la retribución de Dios.