Introducción al capítulo LIII

 


5. El monje y el monasterio relacionados con el exterior (c. 53-57)

Aunque el monje, al abrazar la vida monástica se separa, como particular, de todo lo del mundo, el monasterio como tal no puede desentenderse del ambiente social que le rodea. Entre el mundo y el monasterio habrá continuamente una corriente de influencias mutuas beneficiosas para ambas partes, pero que no deja de constituir un peligro para la vida espiritual de los monjes. En toda legislación monástica, por tanto, es preciso tener presentes estas circunstancias para asegurar su regularidad.

El grupo de capítulos 53-57 determina la posición que adopta el monasterio frente al mundo que se le acerca y con el que debe entrar necesariamente en contacto. Prevé al mismo tiempo los inconvenientes que podrían seguirse para la vida interna del monasterio, señala consecuencias prácticas que afectan al monje tomado individualmente, y fija leyes que regulan la venta de las obras producidas por los artífices. Comprenden, pues, un conjunto de normas sobre las relaciones del monje y del monasterio con el exterior.

S.B. tiene presente en este capítulo la fuerza de atracción que ejerce el monasterio en derredor suyo. Es incuestionable que el monasterio es siempre un foco que irradia santidad y que atrae a muchas almas sedientas de las cosas de Dios. La potencia de su organización y la laboriosidad de sus miembros le dan, por otra parte, la posibilidad de ser un refugio para los desvalidos. En concreto S.B. habla y legisla aquí de las relaciones con los huéspedes.

Contenido del capítulo:

1-2

Sujeto a la hospitalidad monástica

3-14

Ceremonial a la recepción de los huéspedes.

15

Atención especial a los pobres y peregrinos.

16-22

Puntualizaciones sobre la organización de la hospitalidad.

23-24

Relaciones entre los monjes y los huéspedes.

Capítulo LIII. Cómo se ha de recibir a los huéspedes.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

4 abr., 4 ago., 4 dic.

 

1A todos los huéspedes que se presenten en el monasterio ha de acogérseles como a Cristo, porque él lo dirá un día: “Era peregrino, y me hospedasteis”. 2A todos se les tributará el mismo honor, “sobre todo a los hermanos en la fe” y a los peregrinos.

3Una vez que ha sido anunciada la llegada de un huésped, irán a su encuentro el superior y los hermanos con todas las delicadezas de la caridad. 4Lo primero que harán es orar juntos, y así darse mutuamente el abrazo de la paz. 5Este ósculo de paz no debe darse sino después de haber orado, para evitar los engaños diabólicos.

6Hasta en la manera de saludarles deben mostrar la mayor humildad a los huéspedes que acogen y a los que despidan; 7con la cabeza inclinada, postrado el cuerpo en tierra, adorarán en ellos a Cristo, a quien reciben. 8Una vez acogidos los huéspedes, se les llevará a orar, y después el superior o aquel a quien mandare se sentará con ellos. 9Para su edificación leerán ante el huésped la ley divina, y luego se le obsequiará con todos los signos de la más humana hospitalidad. 10El superior romperá el ayuno para agasajar al huésped, a no ser que coincida con un día de ayuno mayor que no puede violarse; 11pero los hermanos proseguirán guardando los ayunos de costumbre. 12El abad dará aguamanos a los huéspedes, 13y tanto él como la comunidad entera lavarán los pies a todos los huéspedes. 14Al terminar de lavárselos, dirán este verso: “Hemos recibido, ¡oh Dios!, tu misericordia en medio de tu templo”.

15Pero, sobre todo, se les dará una acogida especial a los pobres y peregrinos, colmándoles de atenciones, porque en ellos se recibe a Cristo de una manera particular; pues el respeto que imponen los ricos, ya de suyo obliga a honrarles.

 

5 abr., 5 ago., 5 dic.

16Haya una cocina distinta para el abad y los huéspedes, con el fin de que, cuando lleguen los huéspedes, que nunca faltan en el monasterio y pueden presentarse a cualquier hora, no perturben a los hermanos. 17Cada año se encargarán de esa cocina dos hermanos que cumplan bien ese oficio. 18Y, cuando lo necesiten, se les proporcionará ayudantes, para que presten sus servicios sin murmurar; pero, cuando estén allí menos ocupados, saldrán a trabajar en lo que se les indique. 19Y esta norma se ha de seguir en estos y en todos los demás servicios del monasterio: 20cuando necesiten que se les ayude, se les dará ayudantes; pero, cuando estén libres, obedecerán en lo que se les mande.

21La hospedería se le confiará a un hermano cuya alma esté poseída por el temor de Dios. 22En ella debe haber suficientes camas preparadas. Y esté siempre administrada la casa de Dios prudentemente por personas prudentes.

23Quien no esté autorizado para ello no tendrá relación alguna con los huéspedes, ni hablará con ellos. 24Pero, si se encuentra con ellos o les ve, salúdeles con humildad, como hemos dicho; pídales la bendición y siga su camino, diciéndoles que no le está permitido hablar con los huéspedes.