Introducción al capítulo XLIX

 

El capítulo de la observancia de la Cuaresma constituye un paréntesis entre los que le preceden y le siguen. No establece nuevas disposiciones materiales en orden al horario o a la organización del monasterio, sino que se limita a exponer la disciplina espiritual de un tiempo determinado del año. Es la época que ha sido considerada por la Iglesia y el monaquismo de todos los tiempos, como consagrada a una mayor purificación del alma, mediante una conducta más ajustada a los divinos preceptos y una mayor austeridad de vida. La estima que San Benito siente por la Cuaresma, lo muestra este capítulo que le dedica.

Contenido  del  capítulo:

1-3

Ideal de la Cuaresma.

4-7

Prácticas cuaresmales.

8-10

Asentimiento  y bendición   del  abad.

 

 

Capítulo XLIX. De la observancia de la Cuaresma.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

31 mar., 31 jul., 30 nov.

 

1Aunque de suyo la vida del monje debería ser en todo tiempo una observancia cuaresmal, 2no obstante, ya que son pocos los que tienen esa virtud, recomendamos que durante los días de cuaresma todos juntos lleven una vida íntegra en toda pureza 3y que en estos días santos borren las negligencias del resto del año. 4Lo cual cumpliremos dignamente si reprimimos todos los vicios y nos entregamos a la oración con lágrimas, a la lectura, a la compunción del corazón y a la abstinencia. 5Por eso durante estos días impongámonos alguna cosa más a la tarea normal de nuestra servidumbre: oraciones especiales, abstinencia en la comida y en la bebida, 6de suerte que cada uno según su propia voluntad, ofrezca a Dios, con gozo del Espíritu Santo, 7algo por encima de la norma que se haya impuesto; es decir, que prive a su cuerpo algo de la comida, de la bebida, del sueño, de las conversaciones y bromas y espere la santa Pascua con el gozo de un anhelo espiritual.

8Pero esto que cada uno ofrece debe proponérselo a su abad para hacerlo con la ayuda de su oración y su conformidad, 9pues aquello que se realiza sin el beneplácito del padre espiritual será considerado como presunción y vanagloria e indigno de recompensa; 10por eso, todo debe hacerse con el consentimiento del abad.