Introducción al capítulo XLVIII

 

4.  “Ora el labora” (c.48-52)

La finalidad de la vida monástica no es por cierto el oficio divino, es Dios. Por eso el monje no se limita a una sola actividad o a un solo medio para encontrarle, aunque sea éste más noble y elevado, sino que pone en juego todas las posibilidades humanas en todos los momentos de su vida. S.B. lo sabe, y acepta la ley de la oración y del trabajo como dos polos que equilibran la vida del monje. Y entre estos dos polos, como sosteniéndolos y armonizándolos, introduce un tercer elemento de la máxima importancia: la lectio divina.

De la oración ha hablado ya S.B. por extenso. En este grupo de capítulos (48-52), al reglamentar la vida cotidiana del monje, fija la atención en los otros dos elementos. Su concepción, llena de mesura y sensatez, ha sido un gran beneficio para la humanidad, al rehabilitar y enaltecer el trabajo. El trabajo monástico, por las circunstancias en que se realiza, lleva en sí una gran fecundidad transformadora.

El presente capítulo rebasa los límites de la materia indicada por el título. Además del trabajo propiamente dicho, concreta el horario y las ocupaciones de los monjes, fuera del oficio divino.

Contenido del capítulo:

1

Principio general:  necesidad del trabajo.

2-6

Horario desde Pascua hasta el 14 de septiembre.

7-9

Trabajo extraordinario.

10-13

Horario desde el 14 de septiembre hasta Cuaresma.

14-16

Horario durante la Cuaresma.

17-21

Seguridades para la observancia de la lectura

22-25

Casos especiales.

 

 

Capítulo XLVIII. Del trabajo manual cotidiano.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

28 mar., 28 jul., 27 nov.

 

1La ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse los hermanos a unas horas en el trabajo manual, y a otras, en la lectura divina.

2En consecuencia, pensamos que estas dos ocupaciones pueden ordenarse de la siguiente manera: 3desde Pascua hasta las calendas de octubre, al salir del oficio de prima trabajarán por la mañana en lo que sea necesario hasta la hora cuarta. 4Desde la hora cuarta hasta el oficio de sexta se dedicarán a la lectura. 5Después de sexta, al levantarse de la mesa, descansarán en sus lechos con un silencio absoluto, o, si alguien desea leer particularmente, hágalo para sí sólo, de manera que no moleste. 6Nona se celebrará más temprano, mediada la hora octava, para que vuelvan a trabajar hasta vísperas en lo que sea menester. 7Si las circunstancias del lugar o la pobreza exigen que ellos mismos tengan que trabajar en la recolección, que no se disgusten, 8porque precisamente así son verdaderos monjes, cuando viven del trabajo de sus propias manos, como nuestros Padres y los apóstoles. 9Pero, pensando en los más débiles, hágase todo con moderación.

29 mar., 29 jul., 28 nov.

10Desde las calendas de octubre hasta la cuaresma se dedicarán a la lectura hasta el fin de la segunda hora. 11Entonces se celebrará el oficio de tercia y se ocuparán todos en el trabajo que se les asigne hasta la hora de nona. 12Al primer toque para el oficio de nona dejarán sus quehaceres para estar a punto cuando suene la segunda señal. 13Después de comer se ocuparán en sus lecturas o en los salmos.

14Durante la cuaresma dedíquense a la lectura desde por la mañana hasta finalizar la hora tercera, y después trabajarán en lo que se les mandare hasta el final de la hora décima. 15En esos días de cuaresma recibirá cada uno su códice de la Biblia, que leerán por su orden y enteramente; 16estos códices se entregarán al principio de la cuaresma.

17Y es muy necesario designar a uno o dos ancianos que recorran el monasterio durante las horas en que los hermanos están en la lectura. 18Su misión es observar si algún hermano, llevado de la acedía, en vez de entregarse a la lectura, se da al ocio y a la charlatanería, con lo cual no sólo se perjudica a sí mismo, sino que distrae a los demás. 19Si a alguien se le encuentra de esta manera, lo que ojalá no suceda, sea reprendido una y dos veces; 20y, si no se enmienda, será sometido a la corrección que es de regla, para que lo demás escarmienten. 21Ningún hermano trate de nada con otro a horas indebidas.

 

30 mar., 30 jul., 29 nov.

22Los domingos se ocuparán todos en la lectura, menos los que estén designados para algún servicio.

23Pero a quien sea tan negligente y perezoso que no quiera o no pueda dedicarse a la meditatio o a la lectura, se le asignará alguna labor para que no esté desocupado.

24A los hermanos enfermos o delicados se les encomendará una clase de trabajo mediante el cual ni estén ociosos ni el esfuerzo les agote o les haga desistir. 25El abad tendrá en cuenta su debilidad.