Introducción al capítulo XLIII

 

Cuando una comunidad debe reunirse, máxime si es numerosa, es un elemento necesario para el orden, que se observe la máxima puntualidad. Por otra parte, para el monje cualquier señal que le anuncia un acto conventual, es como una voz que le indica una obediencia que debe cumplir. Según esto, deja en seguida lo que tenía entre manos, y corre presuroso en alas de la obediencia, porque no puede diferir el mandato sin ser infiel a su Dios. Este capítulo tiene un carácter marcadamente penal, cosa que lo relaciona con el grupo de c.23-30.

Contenido del capítulo:

1-3

Principio general sobre la puntualidad al oficio divino.

4-9

Castigo de los que llegan tarde al oficio de la noche.

10-12

Castigo de los que llegan tarde a los oficios del día.

13-16

Castigo de los que llegan tarde al refectorio.

17-19

Castigo de otras irregularidades relacionadas con el refectorio.

 

 

Capítulo XLIII. De los que llegan tarde al Oficio divino o a la mesa.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

22 mar., 22 jul., 21 nov.

 

1A la hora del oficio divino, tan pronto como se haya oído la señal, dejando todo cuanto tengan entre manos, acudan con toda prisa, 2pero con gravedad, para no dar pie a la disipación. 3Nada se anteponga, por tanto, a la obra de Dios.

4El que llegue a las vigilias nocturnas después del gloria del salmo 94, que por esa razón queremos que se recite con gran lentitud y demorándolo, 5no ocupe el lugar que le corresponde en el coro, sino el último de todos o el sitio especial que el abad haya designado para los negligentes, con el fin de que esté a su vista y ante todos los demás, hasta que, 6al terminar la obra de Dios, haga penitencia con una satisfacción pública. 7Y nos ha parecido que deben ponerse en el último lugar o aparte para que, vistos por todos, se enmienden al menos ante el bochorno que han de sentir. 8Porque, si se quedan fuera del oratorio, tal vez habrá quien vuelva a acostarse y dormir, o quien, sentándose fuera, pase el tiempo charlando, y dé así ocasión de ser tentado por el maligno. 9Es mejor que entren en el oratorio, para que no pierdan todo y en adelante se corrijan.

10El que en los oficios diurnos llegue tarde a la obra de Dios, esto es, después del verso y del gloria del primer salmo que se dice después del verso, ha de colocarse en el último lugar, según la regla establecida, 11y no tenga el atrevimiento de asociarse al coro de los que salmodian mientras no haya dado satisfacción, a no ser que el abad se lo autorice con su perdón, 12pero con tal de que satisfaga como culpable esta falta.

 

23 mar., 23 jul., 22 nov.

13Y el que no llegue a la mesa antes del verso, de manera que lo puedan decir todos a la vez, rezar las preces y sentarse todos juntos a la mesa, si su tardanza es debida a negligencia o a una mala costumbre, 14sea corregido por esta falta hasta dos veces. 15Si en adelante no se enmendare, no se le permitirá participar de la mesa común, 16sino que, separado de la compañía de todos, comerá a solas, privándosele de su ración de vino hasta que haga satisfacción y se enmiende. 17Se le impondrá el mismo castigo al que no se halle presente al recitar el verso que se dice después de comer.

18Y nadie se atreva a tomar nada para comer o beber antes o después de las horas señaladas. 19Mas si el superior ofreciere alguna cosa a alguien y no quiere aceptarla, cuando luego él desee lo que antes rehusó o cualquier otra cosa, no recibirá absolutamente nada hasta que no haya dado la conveniente satisfacción.