Introducción al capítulo XLII

 

3.   Disposiciones regulares y disciplinares (c.42-47)

Aunque este capítulo esté en relación con el anterior por razón del horario de Completas enlazado con el de la comida, no obstante, con él se inicia una serie de capítulos (42-47) que tratan de la ordenación de diferentes puntos de la vida cotidiana, con el propósito de que ésta pueda moverse con regularidad y orden, y el horario general quede bien puntualizado. Tienen más bien un carácter complementario para precisar más y urgir algunas disposiciones regulares y disciplinares.

El presente capítulo se refiere a las últimas horas del día y al gran silencio nocturno que entonces empieza.

Contenido del capítulo:

1

Principio  general del  silencio

2-7

Lectura.

8

Completas y silencio nocturno

9-11

Criterio que hay que seguir en la ley del silencio

 

 

 

Capítulo XLII. Que nadie hable después de completas.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

21 mar., 21 jul., 20 nov.

 

1En todo tiempo han de cultivar los monjes el silencio, pero muy especialmente a las horas de la noche. 2En todo tiempo, sea o no de ayuno 3–si se ha cenado, en cuanto se levanten de la mesa–, se reunirán todos sentados en un lugar en el que alguien lea las Colaciones, o las Vidas de los Padres, o cualquier otra cosa que edifique a los oyentes; 4pero no el Heptateuco o los libros de los Reyes, porque a los espíritus débiles no les hará bien escuchar a esas horas estas Escrituras; léanse en otro momento.

5Si es un día de ayuno, acabadas las vísperas, acudan todos, después de un breve intervalo, a la lectura de las Colaciones, como hemos dicho; 6se leerán cuatro o cinco hojas, o lo que el tiempo permita, 7para que durante esta lectura se reúnan todos, si es que alguien estaba antes ocupado en alguna tarea encomendada. Cuando ya estén todos reunidos, 8celebren el oficio de completas, y ya nadie tendrá autorización para hablar nada con nadie. 9Y si alguien es sorprendido quebrantando esta regla del silencio, será sometido a severo castigo, 10a no ser que lo exija la obligación de atender a los huéspedes que se presenten o que el abad se lo mande a alguno por otra razón; 11en este caso lo hará con toda gravedad y con la más delicada discreción.