V. Administración de la “Casa de Dios” (31-57)

 

Introducción al capítulo XXXIX.

De la tasa de la comida

 

Una vez establecido todo lo que hace referencia a los oficios que se relacionan con el refectorio, S.B. precisa las normas que se han de seguir en la tasa de la comida y bebida (c.39-40). El patriarca confiesa ingenuamente su repugnancia al pronunciarse en estas materias, por la sencilla razón de que las necesidades individuales son muy diversas, y lo que para unos es excesivo para otros podrá ser insuficiente.

Contenido del capítulo:

1-3

Tasa ordinaria del sustento de los monjes.

4-5

Tasa del pan.

6-9

Casos extraordinarios.

10

Medida para los niños.

11

Ley de la abstinencia de carnes.

 

 

Capítulo XXXIX. De la tasa de la comida

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

18 mar., 18 jul., 17 nov.

 

1Creemos que es suficiente en todas las mesas para la comida de cada día, tanto si es a la hora de sexta como a la de nona, con dos manjares cocidos, en atención a la salud de cada uno, 2para que, si alguien no puede tomar uno, coma del otro. 3Por tanto, todos los hermanos tendrán suficiente con dos manjares cocidos, y, si hubiese allí fruta o legumbres tiernas, añádase un tercero. 4Bastará para toda la jornada con una libra larga de pan, haya una sola refección, o también comida y cena. 5Porque, si han de cenar, guardará el mayordomo la tercera parte de esa libra para ponerla en la cena.

6Cuando el trabajo sea más duro, el abad, si lo juzga conveniente, podrá añadir algo más, 7con tal de que, ante todo, se excluya cualquier exceso y nunca se indigeste algún monje, 8porque nada hay tan opuesto a todo cristiano como la glotonería, 9como dice nuestro Señor: “Andad con cuidado para que no se embote el espíritu con los excesos”.

10A los niños pequeños no se les ha de dar la misma cantidad, sino menos que a los mayores, guardando en todo la sobriedad.

11Por lo demás, todos han de abstenerse absolutamente de la carne de cuadrúpedos, menos los enfermos muy débiles.