V. Administración de la “Casa de Dios” (31-57)

 

Introducción al capítulo XXXVIII.

Del lector semanero.

 

Después de un paréntesis (c.36-37), reanuda S.B. el tema del refectorio para reglamentar lo que hace referencia al oficio del lector. El cometido del ¡lector de semana es nutrir el espíritu de los monjes durante la refección, lo cual le da una importancia especial que está por encima del mismo servicio de la cocina y de la mesa.

Contenido del capítulo:

1

El lector.

2-4

Ritual litúrgico de entrada en el oficio.

5-9

El silencio en la mesa.

10-11

Disposiciones para la refección del lector.

12

Principio general.

 

 

Capítulo XXXVIII. Del lector semanero

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

17 mar., 17 jul., 16 nov.

 

1En la mesa de los hermanos nunca debe faltar la lectura; pero no debe leer el que espontáneamente coja el libro, sino que ha de hacerlo uno determinado durante toda la semana, comenzando por el domingo. 2Este comenzará su servicio pidiendo a todos que oren por él después de la misa y de la comunión para que Dios aparte de él la altivez de espíritu. 3Digan todos en el oratorio por tres veces este verso, pero comenzando por el mismo lector: “Señor, ábreme los labios, y mi boca proclamará tu alabanza”. 4Y así, recibida la bendición, comenzará su servicio.

5Reinará allí un silencio absoluto, de modo que no se perciba rumor alguno ni otra voz que no sea la del lector. 6Para ello sírvanse los monjes mutuamente las cosas que necesiten para comer y beber, de suerte que nadie precise pedir cosa alguna. 7Y si algo se necesita, ha de pedirse con el leve sonido de un signo cualquiera y no de palabra. 8Ni tenga allí nadie el atrevimiento de preguntar nada sobre la lectura misma o cualquier otra cosa, para no dar ocasión de hablar; 9únicamente si el superior quiere, quizá, decir brevemente algunas palabras de edificación para los hermanos.

10El hermano lector de semana puede tomar un poco de vino con agua antes de empezar a leer por razón de la santa comunión y para que no le resulte demasiado penoso permanecer en ayunas. 11Y coma después con los semaneros de cocina y los servidores.

12Y no lean ni canten los monjes por orden, sino los que edifiquen a los oyentes.