V. Administración de la “Casa de Dios” (31-57)

 

Introducción al capítulo XXXV.

2. El refectorio del monasterio (35-41)

El oficio de la cocina es uno de los que están más íntimamente ligados con el del mayordomo. El comer es necesario para vivir, y ocupa un lugar tan importante en la existencia del hombre, y por ende en el monasterio, que es de absoluta necesidad ocuparse de él. Y ello, tanto desde el punto de vista de la comida en concreto, como de su servicio. Además, san Benito va a tratar de las atenciones que deben tenerse con las diferentes categorías de personas, del horario y de otros pormenores relacionados, más o menos directamente, con la mesa. Hay que disponerlo todo con justicia y caridad para que con el sustento del cuerpo quede también beneficiada el alma. Todo lo que hace referencia a la cocina, despensa y refectorio es de incumbencia del mayordomo. Se ocupan de ello los capítulos 35-41, excepto el pequeño paréntesis constituido por los capítulo 36-37.

Contenido del capítulo

1-2

Principio general para el servicio de la cocina.

3-6

Excepciones:

 

 

a) 3-4, los débiles;

 

 

b) 5-6, los muy ocupados;

7-18

Normas para el servicio:

 

 

a) 7-11, higiene y consignación de los objetos de servicio;

 

 

b) 12-14, concesión a los servidores;

 

 

c) 15-18, ritual litúrgico.

 

 

Capítulo XXXV. De los semaneros de cocina.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

13 mar., 13 jul., 12 nov.

 

1Los hermanos han de servirse mutuamente, y nadie quedará dispensado de la cocina, a no ser por causa de enfermedad o por otra ocupación de mayor interés, 2porque con ello se consigue una mayor recompensa y caridad. 3Mas a los débiles se les facilitará ayuda personal, para que no lo hagan con tristeza; 4y todos tendrán esta ayuda según las proporciones de la comunidad y las circunstancias del monasterio. 5Si la comunidad es numerosa, el mayordomo quedará dispensado del servicio de cocina, y también, como hemos dicho, los que estén ocupados en servicios de mayor interés; 6todos los demás sírvanse mutuamente en la caridad.

7El que va a terminar su turno de semana hará la limpieza el sábado. 8Se lavarán los paños con los que se secan los hermanos las manos y los pies. 9Lavarán también los pies de todos, no sólo el que termina su turno, sino también el que lo comienza. 10Devolverá al mayordomo, limpios y en buen estado, los enseres que ha usado. 11El mayordomo, a su vez, los entregará al que entra en el turno, para que sepa lo que entrega y lo que recibe.

 

14 mar., 14 jul., 13 nov.

12Cuando no haya más que una única comida, los semaneros tomarán antes, además de su ración normal, algo de pan y vino, 13para que durante la comida sirvan a sus hermanos sin murmurar ni extenuarse demasiado. 14Pero en los días que no se ayuna esperen hasta el final de la comida.

15Los semaneros que terminan y comienzan la semana, el domingo, en el oratorio, inmediatamente después del oficio de laudes, se inclinarán ante todos pidiendo que oren por ellos. 16Y el que termina la semana diga este verso: “Bendito seas, Señor Dios, porque me has ayudado y consolado”. 17Lo dirá por tres veces y después recibirá la bendición. Después seguirá el que comienza la semana con este verso: “Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme”. 18Lo repiten también todos tres veces, y, después de recibir la bendición, comienza su servicio.