Introducción al capítulo XXVIII

 

San Benito ha hablado ya (23) de un proceso a seguir en las correcciones: dos amonestaciones en secreto, una en público, y finalmente una pena que puede ser  o la excomunión o el castigo corporal. Este capítulo supone el caso más grave que podría darse en el monasterio, y en el que convendría ir más allá de lo establecido en los capítulos precedentes. En esta ocasión, ante la pena que va a prescribir de la expulsión, reanuda san Benito el proceso de aplicación de las penas explicándolo dos veces consecutivas.

Contenido del capítulo:

1

Proceso punitivo y medicinal

2-5

El médico supremo: la oración

6-8

La expulsión

 

 

Capítulo XXVIII. De los que muchas veces corregidos no quieren enmendarse.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

5 mar., 5 jul., 4 nov.

 

1Si un hermano ha sido corregido frecuentemente por cualquier culpa, e incluso excomulgado, y no se enmienda, se le aplicará un castigo más duro, es decir, se le someterá al castigo de los azotes. 2Y si ni aún así se corrigiere, o si quizá, lo que Dios no permita, hinchado de soberbia, pretendiere llegar a justificar su conducta, en ese caso el abad tendrá que obrar como todo médico sabio. 3Si después de haber recurrido a las cataplasmas y ungüentos de las exhortaciones, a los medicamentos de las Escrituras divinas y, por último, al cauterio de la excomunión y a los golpes de los azotes, 4aun así ve que no consigue nada con sus desvelos, recurra también a lo que es más eficaz: su oración personal por él junto con la de todos los hermanos, 5para que el Señor, que todo lo puede, le dé la salud al hermano enfermo. 6Pero, si ni entonces sanase, tome ya el abad el cuchillo de la amputación, como dice el Apóstol: “ Echad de vuestro grupo al malvado”. 7Y en otro lugar: “Si el infiel quiere separarse, que se separe”, 8no sea que una oveja enferma contamine a todo el rebaño.