Introducción al capítulo XXV

Es la continuación del tema tratado en el capítulo precedente (24,1-2). La palabra autem indica que sigue el mismo pensamiento sin solución de continuidad. El contenido del capítulo lo constituye la excomunión mayor, o sea el castigo de las culpas más graves.

La pena de excomunión infligida por san Benito para ciertas faltas de los monjes, ha suscitado, en más de un comentarista, la cuestión de si dicha excomunión tenía una fuerza canónica o simplemente regular. Por lo que a la llamada excomunión menor atañe (24), es indudable que era una disciplina de carácter puramente regular e interno del monasterio. Mas, incluso para la mayor, de la cual se trata en el presente capítulo, es ya opinión común que sería un anacronismo el entenderla cual hoy se entiende la excomunión eclesiástica; antes bien, a pesar de revestir mayor gravedad de castigo, no es otra cosa que una medida medicinal de corrección en pro del hermano enfermo, sin otra trascendencia que la privación de participar foro externo en los actos de comunidad, como demuestra Oesterle.

 

Capítulo XXV. De las culpas más graves

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

2 mar., 2 jul., 1 nov.

 

1El hermano que haya cometido una falta grave será excluido de la mesa común y también del oratorio. 2Y ningún hermano se acercará a él para hacerle compañía o entablar conversación. 3Que esté completamente solo mientras realiza los trabajos que se le hayan asignado, perseverando en su llanto penitencial y meditando en aquella terrible sentencia del Apóstol que dice: 4“Este hombre ha sido entregado a la perdición de su cuerpo para que su espíritu se salve el día del Señor”. 5Comerá a solas su comida, según la cantidad y a la hora que el abad juzgue convenientes. 6Nadie que se encuentre con él debe bendecirle, ni se bendecirá tampoco la comida que se le da.