IV. RÉGIMEN INTERIOR Y DISCIPLINARIO (21-30)

 

También este grupo capítulos está netamente caracterizado, y forma un todo que podría fácilmente independizarse de los restantes. En ellos se determinan normas para el régimen de la comunidad, y de fija de una manera general la ley disciplinar que lo sostiene.

Al abad, autoridad suprema en el cenobio, corresponde la dirección de tan complejo organismo y la atención de todas las necesidades espirituales y materiales de la comunidad, en sus múltiples y variados aspectos. San Benito prevé la dificultad de desempeñar tan vasta gestión con eficacia en todos sus pormenores, máxime si la comunidad es numerosa, y por esto dispone que se elijan de entre los monjes algunos de buena fama y santa vida, a juicio del abad, para que con toda garantía compartan con él las cargas del gobierno. Al efecto los constituye decanos, con autoridad delegada y con responsabilidad sobre la misión que les encomienda. San Benito prefiere la organización en decanías a la prioral, ten expuesta a la duplicidad de autoridades.

Como organismo humano, la comunidad está también sujeta a las diferencias propias de tal condición. Si  no existiera una corrección juiciosa y constante se desintegraría el conjunto. Por tanto, precisan cierta normas que indiquen el proceso a seguir en el tratamiento de aquellos que son débiles, previniendo, curando y amputando los desórdenes, y haciendo así posible un desarrollo total y perfecto. Esta necesidad queda satisfecha por un como código legal, que si bien en sus formas es producto de una época menos perfecta y aquilatada en el trato, no obstante en el espíritu y en sus líneas generales, es perenne y siempre aplicable. Actualmente es preciso tener presente la legislación eclesiástica que en muchos puntos ha fijado normas concretas y detalladas en cuanto al modo de proceder.

 

1. Régimen interior (21-22)

Los capítulos 21 y 22 comprenden el régimen interior y una aplicación práctica del mismo en lo relativo al dormitorio de los monjes. Por su contenido, podrían seguir inmediatamente a los capítulo 2 y 3.

La organización familiar importa de suyo que los ancianos velen sobre los jóvenes, dándoles ejemplo con su virtud, guiándolos con sus consejos y aun castigándoles, si es conveniente, por sus faltas. NO obstante, esta caridad se ejercerá en la medida que señale el abad. Él es propiamente quien debe apreciar y elegir de entre su monjes a aquellos que pueden cumplir este cometido. Y es un bien inmenso para el monasterio poseer estos hombres llenos de Dios, con quienes el abad puede compartir su ímproba tarea de forjar almas de monjes.

Contenido del capítulo:

1-4

Nombramiento y cualidades de los decanos

5-8

Corrección de los auxiliares del abad.

 

 

Capítulo XXI. De los decanos del monasterio

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

26 (ó 27) feb., 28 jun., 28 oct.

 

1Si la comunidad es numerosa, se elegirán de entre sus miembros hermanos de buena reputación y vida santa, y sea constituidos como decanos, 2para que con su solicitud velen sobre sus decanías en todo, de acuerdo con los preceptos de Dios y las disposiciones del abad. 3Sean elegidos aquellos con quienes el abad pueda compartir con toda garantía el peso de su responsabilidad. 4Y no se les elegirá por orden de antigüedad, sino según el mérito de su vida y la discreción de su doctrina.

5Si alguno de estos decanos, hinchado quizá por su soberbia, tuviera que ser reprendido y después de la primera, segunda y tercera corrección no quiere enmendarse, será destituido, 6y ocupará su lugar otro que sea digno. 7Lo mismo establecemos con relación al prepósito.