Introducción al capítulo XX.

Oración privada

El fin de la vida monástica es llegar al descanso perenne de la oración y comunicación con Dios, mediante aquella pureza de conducta que comunica a todo el ser una paz y tranquilidad indecibles. Ahora bien, el oficio divino, por más que sea la parte principal de la oración y de lo que la encauza, la simplifica, la perfecciona y la intensifica, no llena aún cumplidamente la necesidad que siente el alma de saciarse de Dios. El contacto personal y familiar de cada monje con Dios, se lo da la oración privada, que tiene su mejor preparación en la devota recitación del oficio, del que toma su sustancia.

San Benito era hombre de oración y quiere que el monje lo sea también, y que se de a ella con frecuencia. Le basta indicar ciertas disposiciones fundamentales que le conducirán necesariamente a una auténtica vida de oración. Los caminos de la unión con Dios son demasiado complejos, en formas y matices, para restringirlo a un proceso determinado y único. Prefiere dejar el campo libre a la más alta contemplación, tal como él mismo había vivido y según el fruto d sus experiencias.. Todo el ascetismo monástico no es otra cosa que la preparación necesaria para poder elevarse hacia Dios. El trabajo del hombre se limita a la purificación de las costumbres y a la vida de fe. Partiendo de aquí, una vez llegado a la intimidad con Dios, el corazón se dilata y córrese con inefable dulzura por el camino del amor (prol, 49); la caridad se perfecciona dejando a un lado todo temor servil, tórnase fácil la observancia, y el monje, purificado de toda mancha, recibe la claridad de la luz divina con el beso ardiente del Espíritu Santo (7,67-70). Todo es simple entonces, todo natural y espontáneo. El gobierno, empero, está en manos de Dios.

En este capítulo se trata primariamente de las disposiciones interiores que hacen la oración verdadera y eficaz. La oración privada es imprescindible para el progreso espiritual y la perfección del alma, y hay que poner todo el empeño para hacerla de manera que surta su efecto y obtenga su fin.

Contenido del capítulo:

1-4

Oración privada individual

5

Oración privada en común

 

 

Capítulo XX. De la reverencia en la oración.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

24 (ó 26) feb., 27 jun., 27 oct.

 

1Si cuando queremos pedir algo a los hombres poderosos no nos atrevemos a hacerlo sino con humildad y respeto, 2con cuánta mayor razón deberemos presentar nuestra súplica al Señor, Dios de todos los seres, con verdadera humildad y con el más puro abandono. 3Y pensemos que seremos escuchados no porque hablemos mucho, sino por nuestra pureza de corazón y por las lágrimas de nuestra compunción. 4Por eso, la oración ha de ser breve y pura, a no ser que se alargue por una especial efusión que nos inspire la gracia divina. 5Mas la oración en común abréviese en todo caso, y, cuando el superior haga la señal para terminarla, levántense todos a un tiempo.