Introducción al capítulo XIX.

Hasta aquí san Benito ha organizado detalladamente el oficio divino en su composición material. Hay que dar a toda esta magnífica construcción el aliento de vida que la vivifique y la haga aceptable a Dios. De lo contrario, el ritualismo, la limitación a las forma externas, no sería más que una carga pesada e inútil para el hombre y una oferta abominable a los ojos de Dios. Dios busca el alma, quiere que ésta le adore en espíritu y verdad. De las disposiciones interiores, de todo punto esenciales, depende que la alabanza sea aceptable a Dios, y ejerza una acción santificadora para el monje.

Contenido del capítulo:

1-2

Principio fundamental: presencia de Dios

3-5

Normas de la Sagrada Escritura

6-7

Consecuencia práctica

 

 

Capítulo XIX. Del modo de salmodiar.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

24 (ó 25) feb., 26 jun., 26 oct.

 

1Creemos que Diosestá presente en todo lugar y que “los ojos de del Señor están vigilando en todas partes a buenos y malos”; 2pero esto debemos creerlo especialmente sin la menor vacilación cuando estamos en el oficio divino. 3Por tanto, tengamos siempre presente lo que dice el profeta: “Servid al Señor con temor”; 4y también: Cantadle salmos sabiamente”, 5y: “En presencia de los ángeles te alabaré”. 6Meditemos, pues, con qué actitud debemos estar en la presencia de la divinidad y de sus ángeles, 7y salmodiemos de tal manera, que nuestro pensamiento concuerde con lo que dice nuestra boca.