Introducción al capítulo XVI.

Con este capítulo empieza la reglamentación del oficio diurno. Las Horas canónicas del día son los pilares que sostienen el espíritu en el ambiente de oración, la plegaria que consagra a Dios las diferentes divisiones de la jornada. Es la idea que las inspiró y que sería preciso mantener siempre. San Benito quiere que se celebren en el momento oportuno para que santifiquen así toda la actividad monástica.

Contenido del capítulo:

1

Razón fundamental.

2-4

Aplicación demostrativa.

5

Conclusión.

 

 

 

Capítulo XVI. Cómo han de celebrarse los divinos Oficios durante el día.

Comentario espiritual sobre la Regla de san Benito por Denis Huerre

 

19 feb., 20 jun., 20 oct.

 

1Como dice el profeta: “Siete veces al día te alabo”. 2Cumpliremos este sagrado número de siete si realizamos las obligaciones de nuestro servicio a las horas de laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas, 3porque de estas horas diurnas dijo el salmista: “Siete veces al día te alabo”. 4Y, refiriéndose a las vigilias nocturnas, dijo el mismo profeta: “A media noche me levanto para darte gracias”. 5Por tanto, tributemos las alabanzas a nuestro Creador en estas horas “por sus juicios llenos de justicia”, o sea, a laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas, y levantémonos a la noche para alabarle.