Comentario espiritual sobre la Regla de San Benito.

I. Denis Huerre
Ediciones Monte Casino. Zamora.

 

Capítulo IX

Cuántos salmos se han de decir por la noche.

 

En este capítulo se trata casi exclusivamente de disposiciones prácticas. Pero éstas siempre ayudan a la perfección espiritual. El Oficio divino da todo su sentido a la vida monástica en la que nuestras actividades sólo lo tienen subordinadas a él. Nuestro Oficio es una vida que la expresamos por medio de ritos, de gestos externos, uniformes, pero el aspecto ritual no se opone en modo alguno a la profunda realidad significada, a condición de que entremos plenamente en ella. El mismo Señor reprodujo el gesto ritual del cordero pascual consagrándolo como institución permanente hasta que él venga de nuevo en su gloria. El celo por el Oficio divino también debemos demostrarlo por el amor al canto y a las ceremonias. A través de esto tendemos a un encuentro personal con Dios.

También trata de los salmos que deben recitarse. Y podemos preguntarnos si es cristiana nuestra plegaria sálmica. La respuesta es muy sencilla: la experiencia nos prueba que espontáneamente la aplicamos al nivel de Cristo que ora en nosotros p de la Iglesia, verdadero Israel de Dios, o de las potencias del mal contra las cuales luchamos, o de los hombres para lo cuales pedimos la salvación. Esta transposición es fruto de una gracia, pero a veces nos preguntamos: ¿no estaría nuestra atención más despierta si tuviéramos la posibilidad de renovarnos en un cambio constante de la forma de nuestro Oficio? Creo que la atención no depende de cambios sino de descubrir y profundizar la oración de los salmos.

Además nuestros Oficios se enriquecen con una gran variedad de lecturas, textos de la Escritura, autores espirituales antiguos y modernos. La lectura pública oída en comunidad contiene una gracia particular. Y son preciosos los silencios que la siguen; a algunos les parecen tiempo perdido que interrumpe el ritmo… se espera que el Oficio continúe. Sin embargo esos silencios pueden y deben ser tiempos fuertes de oración. Aprender a callar todos juntos ¿no es un punto álgido para la vida de caridad fraterna?

<En honor y reverencia de la Santísima Trinidad>. Nos levantamos al recitar el <gloria> y nos preguntamos de qué sirve esto: sencillamente, para expresar con nuestra actitud el respeto y el amor al Dios presente rodeado de sus ángeles. Si pensamos que la liturgia funde en una sola alabanza la de la tierra y la del cielo puesto que Cristo lo es todo en todos, nuestra actitud externa favorecerá nuestra oración.

<En las Vigilias se leerán los libros divinamente inspirados>. Seremos juzgados según el uso que hayamos hecho de la Palabra de Dios. Ella debe dominar nuestro pensamiento, debe formar nuestra mentalidad de monjes, es la clave de vuestras vidas. Debemos entrar en el mundo de las Escrituras, Dios nos dirige una llamada personal a cada uno según nuestra gracia particular, y no tarda en recompensar nuestra atención: <Llamad y se os abrirá>. Esto exige un esfuerzo, no tanto cerebral como de purificación, de silencio que atraiga al Verbo. Nos lo enseñará la Santísima Virgen si reproducimos en nuestras vidas su propio mistero.