Bienaventuranzas VII

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios .(Mt 5,8)

 

Es una B. importante. Por una parte, nos recuerda la importancia que tiene el corazón: estamos en el centro de nuestro ser, en lo más hondo de nuestra personalidad, el corazón. Por otra parte, esta B. nos orienta hacia lo más grande que puede desear el hombre: ver a Dios. El objetivo de esta B. es ver a Dios, y el medio es la pureza de corazón. Sin la pureza de corazón es imposible ver a Dios. Son dos términos correlativos. El privilegio de ver a Dios supone que nosotros cumplimos algunas condiciones. Seguimos el mismo método de hasta ahora:

los limpios de corazón: qué es eso

ver a Dios: qué es eso

alusión a la RB

 

1. Los limpios de corazón: qué significa pureza de corazón. Vamos a intentar ver esta expresión en el contexto bíblico.

a. Ausencia de mancha ritual. En un principio, la pureza significa en la Biblia ausencia de mancha en sentido físico. Así, el contacto con la lepra (Lev 13-14), o con un cadáver (Nm 19,11-14) hace impuro al hombre, y tiene que purificarse para participar en el culto. La purificación se realizaba por medio de abluciones. Era algo exterior.

b. Los profetas y los salmistas han dado una nueva profundidad a este tema: nos han recordado que lo que mancha el corazón es la oposición a la voluntad de Dios. Algunos ejemplos:

-El salmo 23(Vulg) nos recuerda las exigencias para presentarse ante Dios en el templo (v.3) y obtener su bendición (v.5). Es posible que nuestra B. está inspirada en este salmo. El que realiza estas condiciones busca a Dios (6). El v.4 define estas condiciones. Se trata del grupo de peregrinos que llega al templo de Jerusalén. Preguntan si pueden acompañar a Dios-Rey en su templo, tomando parte en las celebraciones litúrgicas, y los sacerdotes les ponen las condiciones. Dios puede aceptarlos en su compañía, con tal de que cumplan las exigencias de Dios en su vida, y no sólo en el culto. Son cuatro condiciones (4):

* Manos inocentes: Evitar el homicidio, que mancha las manos, el robo, y podría ser también la corrupción, dejarse comprar por dinero.

* Puro  corazón: Considerado como expresión de toda la persona orientada completamente a la alianza de Dios. Sería un corazón no dividido.

* Que no confía en los ídolos: Aquí empieza a concreta: la ruptura de la alianza recurriendo a falsos ídolos.

* Ni jura contra el prójimo en falso: No hace ningún juramento para   engañar al prójimo.

En este salmo se insiste en las disposiciones interiores, en la actitud interior para poder participar en las celebraciones litúrgicas. Pero no se insiste todavía en la acción de Dios para purificar el corazón. Pero hay textos que nos recuerdan que la purificación del corazón  no puede provenir más que de Dios. Por ejemplo:

-Sal 50 (Vulg): El salmista tiene conciencia de haber pecado, y se representa su pecado como una mancha que le impide presentarse ante Dios. Pide a Dios que le quite esa mancha, que le perdone y le purifique: “Borra mi culpa” (v.3). “Lava del todo mi delito, limpia mi pecado” (4). Y para ello es necesaria una nueva creación: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro” (v.12). Y así renovado por Dios, podrá presentarse ante Dios (v.13), y podrá ofrecer sacrificios a Dios (v.21). El verbo crear es el mismo que en el cap. 1 del Génesis, y nunca se refiere a la acción del hombre, sino a la acción de Dios. Para tener un corazón puro, limpio, no basta la buena voluntad del hombre: hace falta una nueva creación de Dios.

-Los profetas anuncian una intervención especial de Dios para renovar el corazón de los israelitas. Ejemplos:

* Jr 31,33: “Esta será la alianza que haré con el pueblo de Israel después de aquellos días: Pondré mi ley en su interior; la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. (cf también Jr 24,7)

* Ez 36,25-27: “Os rociaré con agua pura y os purificaré de todas vuestras impurezas e idolatrías. Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne”.

Dios trasformará el corazón de los israelitas para que puedan cumplir la alianza. Será obra del Espíritu de Dios. De esta manera, los israelitas podrán entrar en relación con Dios y darle culto agradable, cumpliendo la alianza y siendo leales con el prójimo. Para ser huésped de Dios, para que Dios acepte en su compañía a los israelitas, Dios mismo tiene que intervenir para trasformar el corazón del hombre.

c. Si recurrimos al N.T., encontramos la misma realidad sobre la pureza de corazón. Dos ejemplos:

 

-Mt 15,1-20: Jesús es acusado por los escribas y fariseos de que sus discípulos no guardan las leyes de la pureza trasmitidas por la tradición (15,1-2). La respuesta de Jesús es clara: “Y vosotros ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (3). Jesús opone la pureza legal de los fariseos al cumplimiento de la alianza, al cumplimiento de los mandamientos de Dios. La auténtica pureza consiste en la observancia de los mandamientos de Dios (15,18-19). Aquí estamos en la línea del salmo 23. Todavía Jesús no habla de la trasformación del corazón, pero lo hace S. Lucas en los Hechos de los Apóstoles.

-Hechos 15,8-9: “Y Dios conocedor, de los corazones, dio testimonio en su favor comunicándoles el Espíritu Santo como a nosotros; y no hizo distinción alguna entre ellos y nosotros, pues purificó los corazones con la fe”. Es el problema de la aceptación de los gentiles en la Iglesia. Los paganos, los incircuncisos, son considerados como impuros, con quienes no se puede comer, ni tratar (Hch 11,3). Es el problema de la impureza legal. Y Pedro afirma que Dios no hace acepción de personas. Pero ¿cómo se explica eso? La solución la tenemos en la afirmación: “Purificó los corazones con la fe”. Esta pureza no viene de la circuncisión, sino de una intervención de Dios. Es Dios, que por la fe, enviando su Espíritu purifica el corazón. Aquí nos acercamos no al salmo 23, sino al salmo 50: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro”. No es el hombre el que purifica su corazón de su maldad. La purificación del corazón es obra de la gracia de Dios, del Espíritu Santo.

Concluyendo:

¿Qué es ser limpio de corazón?, nos preguntábamos. Hemos recurrido a la Biblia. Tanto en el A. como en el NT. tenemos la respuesta clara. Supone una disposición de gran lealtad para el cumplimiento de la voluntad de Dios, manifestada en el decálogo: una pureza interior, sinceridad con Dios. Pero esta pureza interior , esta lealtad sincera con Dios, no es posible sin una intervención especial de Dios, sin la fe.

 

2. Verán a Dios. Nos  queda la segunda parte de la B., el objetivo. ¿Qué es ver a Dios? ¿Qué significa esta expresión? Brevemente.

Para los israelitas “ver el rostro de Dios”, “ ver a Dios” era una expresión que  utilizaban en el lenguaje del templo. Por ejemplo:

-Dt 31,11: “Cuando todo Israel acuda, para ver el rostro de Jahvé, tu Dios, al lugar elegido por él, leerás esta Ley a oídos de todo Israel”. Se trata de una celebración en el templo de Jerusalén.

-Sal 41-42(Vulg): El salmista se encuentra lejos de Jerusalén, y expresa su ardiente deseo de volver al templo, tomar parte en la liturgia del templo: “¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?” (41,3).

Para el piadoso israelita no había mayor honor que ese encuentro con el Dios de la alianza, renovando su fe. Eso era algo esencial  en al vida de un israelita.

Tenemos que insistir en la dimensión escatológica de esta visión de Dios. ¿Cuándo será? Los israelitas no se imaginaban la posibilidad de ver a Dios fuera de la vida terrestre. Pero en el NT aparece esta posibilidad. Como en todas las demás bienaventuranzas, la realización de esta B. tendrá lugar en la venida del Reino glorioso de Dios. ¿Cómo será la felicidad del cielo, de la eternidad? La Biblia conoce la imagen del banquete para expresar la felicidad del cielo: será algo así como celebrar un banquete, una experiencia de alegría, donde los comensales se sienten a gusto, gozarán, se alegrarán (Mt 8,11; 22,10-11; Lc 12,37). Además, los israelitas tenían la experiencia de las grandes fiestas litúrgicas, donde se alegraban, donde vivían la intimidad de Dios y de todo el pueblo, y se alegraban como pueblo de Dios.

Este trasfondo festivo es el que hay que tener en cuenta para entender bien esta B. En este contexto litúrgico, celebrativo, hay que entender la expresión “ver a Dios”. La perspectiva no es la de un teatro, o de la televisión, en que se asiste a un espectáculo, de forma más o menos privada. La perspectiva es la de una acción litúrgica en la que los oficiantes son admitidos a la presencia de Dios para rendirle homenaje, de manera personal. Lo mismo que los piadosos israelitas era admitidos en las celebraciones del templo para vivir un encuentro de intimidad con Dios, así los limpios de corazón participarán en el culto de la familia celestial. Algunos ejemplos donde aparece esta perspectiva escatológica:

-Apc 22,3-4: “Y no habrá ya maldición alguna; El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad y los siervos de Dios el darán culto. Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente”. Si tenemos en cuenta los textos que hemos visto del AT, podemos darnos cuenta que hay una relación estrecha entre darle culto y ver su rostro. Si los servidores de Dios, los cristianos, tienen acceso a Dios y ver su rostro, es precisamente para realizar su servicio litúrgico, cultual.

-1 Jn 3,2-3: “Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es”. Aparece la grandeza de esta visión de Dios, y al mismo tiempo se nos dice que será un don de Dios. Desde ahora tenemos la dicha de esta visión en la fe, pero esperamos su manifestación completa. (cf también 1 Cor 13,12).

 

 Conclusión:

1.  El Vaticano II nos ha recordado que “La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios” (Gaudium et Spes, 19). Esta gran realidad nos recuerdan todas la Bienaventuranzas: estamos vocacionados a la comunión con Dios. Pero de manera especial nos ha recordado esta verdad la B. de los limpios de corazón, con la imagen de “ver a Dios”, que es lo mismo que una celebración festiva, alegre, de todos los redimidos por Cristo, movidos por el Espíritu para dar gracias a Dios y celebrar su grandeza y su amor. Celebrar el misterio de Dios desde la adoración, la alabanza y la admiración. “Ver a Dios” no en una vitrina, desde fuera, sino participando en la fiesta litúrgica.

2. Para ello, tenemos que empezar ahora a disfrutar en las celebraciones que tenemos ahora. La dicha que nos promete esta B. no puede ser exclusivamente futura, sin arraigo en la vida presente. ¿Experimentamos esta comunión con Dios en la liturgia, en la celebraciones de cada día? Es el tema de la experiencia de Dios en la liturgia.

3. Para ello es necesaria la limpieza de corazón, una fidelidad a la alianza de Dios y el amor a los hermanos. La pureza de corazón nos prepara para el encuentro definitivo con Dios, pero debe permitirnos, ya desde ahora, alguna participación de esa dicha. Nuestras liturgias y la vida de cada día, vividas en actitud de búsqueda, suscitarán un deseo y una esperanza de esa visión de Dios.

4. S. Benito y toda la tradición monástica nos hablan del tema de esta B.: puritas cordis, pureza de corazón para acercarnos a Dios. Dos ejemplos de la RB:

-49,2: “Por eso exhortamos  a que en estos días de Cuaresma guarden su vida con toda pureza (omni puritate)”. Es la pureza de corazón que hemos encontrado  en nuestra B. Para poder participar y celebrar la Pascua de este año y la Pascua definitiva, S. Benito nos recuerda que miremos a nuestro corazón, que veamos cómo vivimos la limpieza interior del corazón, de la que nos habla nuestra B.

-20,3: “Y pensemos que somos oídos no por el mucho hablar, sino por la pureza del corazón”. Hablando de la oración, nos vuelve a recodar la necesidad de la pureza de corazón.

Para acercarnos a Dios, para verle, necesitamos purificarnos, necesitamos vivir el seguimiento de Cristo. Pero es necesario también recordar que la pureza de corazón es obra del Espíritu Santo, es obra de la nueva creación de Dios. Por eso, todos los días deberíamos repetir con fe: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme”.

5. Algunas anécdotas y testimonios.

- Sucedió un día que Teodoro se dirigió a nuestro padre Pacomio derramando abundantes lágrimas:  todavía no habían pasado seis meses desde que entró en los hermanos. Nuestro padre Pacomio de dijo: “¿por qué lloras?”. En efecto, muchas veces se había admirado de verlo, a pesar de ser tan nuevo, con este sentimiento de lágrimas. Teodoro le respondió: “Padre, deseo que tú me declares si veré a Dios; sino, ¿de  qué me sirve haber venido a este mundo?”. Nuestro padre Pacomio le dijo: “¿Deseas verlo en este mundo o en el mundo venidero?”. Teodoro le respondió: “Deseo  verlo en el mundo que dura eternamente”. Nuestro padre Pacomio le dijo: “Apresúrate a producir el fruto que describe el Evangelio: Dichosos los que  tienen el corazón limpio, porque ésos verán a Dios. Y si acude a tu espíritu un mal pensamiento, bien sea de odio, bien de malicia, de celos, de envidia, de desprecio a tu hermano, de vanagloria, acuérdate inmediatamente y di: si consiento en una de estas cosas, no verá al Señor.

Cuando Teodoro escuchó estas palabras de labios de nuestro padre Pacomio, se preparó a caminar en adelante con humildad y pureza, a fin de que el Señor colmase su deseo de verlo en el mundo inmutable (J. Dupont).

-Recordamos la historia de aquel jesuita que intentaba consolar a una mujer con que se encontró en el metro, sollozando por haber perdido a su hijo. Intenta explicarle que su hijo ahora ve a Dios, lo contempla… y la pobre mujer, dejando un momento de suspirar, le dice: “¿Le parece ésa una buena ocupación para un mozo de 20 años?”.- (J. Dupont).

-¿Quieres saber dónde está Dios? En un corazón puro: he ahí su habitación (Orígenes).

- El que quiere ser puro de corazón debe ante todo ser humilde, rechazar su propia voluntad, y tener siempre una delicadeza de conciencia (S. Basilio).

-No juzgar a nadie es señal de pureza de corazón. Guardar el corazón puro es no decir nada contra nadie por venganza (Barsanufio).

-El que está purificado ve el alma de su prójimo. Cuando uno ve a todos los hombres buenos, y cuando a nadie considera como impuro, entonces se puede decir que es auténticamente puro de corazón (Isaac de Nínive).

-El Espíritu Santo nos hace parientes de Dios. Si tú sientes en ti la paz divina y el amor universal, tu alma es ya semejante a Dios (Silvano de Atos).