La Vigilia Pascual  (2013)

 

P. Agustín Apaolaza o.s.b.

 

Bibliografía

José Aldázabal, El Triduo Pascual, Barcelona (1998) pág. ­134-171.

José Manuel Bernal, La noche santa de Pascua, en Phase 1985, 71-85.

Pierre Jounel, La fiesta de Pascua y la Vigilia Pascual, Cuadernos Phase nº 87 pág. 3-25.

Ph. Barras, L´experience que nous fait vivre l´Eglise dans la vigile pascale, Célébrer nº 325 (2.004), 23-26. 43-55.

Varios, Año de la fe y liturgia, Rev. Phase nº 311 (2.012).

J. Castellano, La Vigilia pascual. La gran evangelización del mundo, en Phase (2001), 191-200.

 

    Estamos caminando en la celebración de la Cuaresma, y hoy quisiera recordaros la celebración de la Vigilia Pascual. El Concilio Vat. II nos ha recordado que la Cuaresma es una peregrinación hacia la Pascua: “El tiempo de Cuaresma prepara a los fieles para celebrar el misterio pascual” (SC, 109). En este año de la fe es interesante que vivamos la celebración de la Vigilia Pascual como momento precioso de la renovación y vivencia de nuestra fe: llegar al corazón de la fe en la celebración de esta Vigilia. Todos los liturgistas admiten que la celebración de la Vigilia Pascual es la celebración más importante de todo el año, y que es modelo y ejemplo de toda celebración litúrgica. En esta celebración podemos aprender qué es lo que celebramos en la liturgia.

    Nosotros conocemos y hemos vivido ya varias veces esta celebración, pero creo que es interesante que nos preguntemos: qué es  lo que celebramos esa noche, cómo celebramos y quiénes celebramos. Me limito a tres puntos en esta exposición:

- La Pascua de Jesús.

- Algo de historia de esta celebración.

- Los diversos elementos de la celebración.

   

  • La Pascua de Jesús.

     ¿Qué ha sido para Jesús la Pascua? ¿Cómo la ha celebrado? La palabra Pascua nos viene del Antiguo Testamento: el pueblo de Israel vivía en esclavitud en Egipto, y Dios le dio la libertad: le hizo pasar de la esclavitud del Faraón al servicio de Dios. Así entienden los especialistas la palabra “Pascua”, paso de la esclavitud del Faraón al servicio de Dios. Celebraban anualmente esta liberación.

    Jesús ha vivido este paso a lo largo de toda su vida: ha tomado la condición de esclavo (Flp 2,7-8), la naturaleza humana con todos sus condicionamientos. Y toda su vida se ha preocupado de llevar, hacer llegar, este condicionamiento al Padre: realizar la voluntad del Padre, viviendo en su condición humana. Ha sido su Cuaresma. “Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre” (Jn 16,28).

    El Padre ha aceptado la ofrenda de Jesús resucitándole: “El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados ha glorificado a su siervo Jesús” (Hch 3,13). Dios Padre ha dado a la naturaleza humana de Jesús una vida nueva, le ha introducido en su esfera divina, le ha llenado de su gloria y amor inmenso. Con la Resurrección de Jesús tenemos al hombre nuevo, realizado plenamente a imagen y semejanza de Dios. La acción resucitadora del Padre ha transformado la naturaleza humana de Jesús y le ha hecho fuente de salvación para toda la humanidad: “A él debéis vuestra existencia cristiana, ya que Cristo se ha hecho para nosotros sabiduría divina, salvación, santificación y redención” (1 Cor 1,30). En la humanidad resucitada de Cristo está sembrada en el mundo entero la semilla de la nueva humanidad.

    Creo que es importante tener en cuenta este primer punto: la acción resucitadora del Padre transforma la naturaleza humana de Cristo y la convierte en fuente de salvación para toda la humanidad. Nosotros queremos participar en esa glorificación que ha realizado el Padre en la Resurrección de Jesús. La Pascua para los judíos era la celebración del paso de la esclavitud a la liberación y vida nueva. Para nosotros la Pascua es la celebración de Cristo resucitado que ha pasado a la vida nueva, glorificada del Padre, y nos ofrece también a nosotros la posibilidad  de participar  en ese paso.

 

  • Algo de historia.

    Los primeros cristianos  ¿qué hicieron cuando descubrieron la grandeza del misterio pascual, de la muerte y Resurrección de Cristo? No han empezado a explicar su fe, sino que han querido celebrar la fe, celebrar a Cristo resucitado. Creo que eso es importante para nosotros también: celebrar la fe, alegrarnos, cantar, reunirnos para celebrar, hacer fiesta, decir que eso es algo grande, proclamarlo. Este ambiente festivo los cristianos lo recibieron de la celebración de la Pascua de los judíos. Entre los cristianos el centro de la celebración no es algo, sino Cristo resucitado.

   Cristo resucitó el primer día de la semana, es decir, nuestro domingo, y apareció a los suyos (Jn 20,1; Lc 24,1.35). Desde entonces, los cristianos se reunían para celebrar a Cristo resucitado. ¿Cómo celebraban? La noche del sábado a domingo la pasaban en vela, orando, escuchando la Palabra de Dios, cantando salmos, esperando la venida de Cristo resucitado. Y al final celebraban la Eucaristía. Para concluir, daban un ágape para todos.

    Con el tiempo, esta celebración dominical empezaron a celebrarla todos los años. Se hizo anual: pasaban la noche entera en vela con el Señor resucitado. En el siglo tercero se celebraba así la Vigilia pascual como prolongación de la celebración dominical: estar en vela con el Señor.

    En el siglo cuarto añadieron tres elementos a esta celebración:

  - La celebración del bautismo. El Papa León Magno dice: “Sobre toda la superficie de la tierra millares de hombres y mujeres se preparan para su regeneración en Cristo”. S. Agustín recibió el bautismo la Vigilia Pascual, el 25 de abril del año 387 de manos de S. Ambrosio. Se percataron pronto de que el bautismo nos hace partícipes del triunfo de la Resurrección de Cristo, de su misterio pascual (Rom 6, 3-5).

  - La bendición del fuego. Este elemento parece que se introdujo en el siglo doce. El fuego calienta, y la bendición del fuego nos recuerda este aspecto: “Santifica este fuego, y concédenos que la celebración de estas fiestas pascuales enciendan en nosotros deseos tan santos que podamos llegar con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz”. Este fuego es símbolo de Cristo resucitado.

  - El cirio pascual y el pregón pascual. Son también elementos añadidos en el tiempo. La luz del cirio pascual representa a Cristo resucitado, por eso se canta: “Luz de Cristo”, elevando el cirio encendido. En la noche oscura la luz de Cristo resucitado ilumina el mundo. La estructura que tenemos ahora en la Vigilia Pascual es de la reforma después del Vat. II.

 

  • Diversos elementos de la celebración y nuestra participación.

Podemos dividir en cuatro partes la celebración: