Los Hechos de los Apóstoles

P. Agustín Apaolaza o.s.b

 

 

 

Introducción

 

     Estamos convencidos de que la Palabra de Dios es importante en la vida espiritual de todo cristiano, y por lo mismo, en la vida de todo monje y monja. La misma Palabra tiene fuerza para interpelar y orientar nuestras vidas. No olvidemos que el Espíritu Santo transforma el texto en voz de Dios, y nos dispone a escucharla.

    Vamos  a intentar leer el libro de los Hechos de los Apóstoles, por lo menos algunas de sus secciones. Aquí intentaremos ver dónde  centraban los primeros cristianos su espiritualidad. En este libro podemos encontrar luz para los tiempos difíciles que estamos viviendo en la Iglesia: es una constante invitación a la conversión y a la renovación interior.

    ¿Cómo orientar nuestra reflexión sobre este libro? Primero veremos una breve introducción a todo el libro para orientarnos en nuestra búsqueda, y después nos centraremos en algunos temas concretos. Empiezo recordando lo que dice S. Juan Crisóstomo en sus homilías a los Hechos de los Apóstoles t.1 pág. 65: “Este libro es desconocido para muchos, y también quién lo escribió y compuso. Por eso yo me he propuesto sobre todo acometer este trabajo, para instruir  también a quienes lo ignoran, y no permitir que este tesoro pase inadvertido y oculto. Ciertamente no es de menos utilidad que los Evangelios mismos, pues está repleto de sabiduría y de auténticas enseñanzas, de pruebas maravillosas y sobre todo las realizadas por parte del Espíritu Santo. Así pues, en adelante no debemos pasarlo de corrida, sino que debemos examinarlo con cuidado. También se pueden contemplar las predicciones que Cristo proclama antes de los Evangelios, realizadas  aquí precisamente con hechos; también resplandece la verdad por las acciones mismas y el gran cambio a mejor de los discípulos, originado en ellos por el Espíritu”.

    Aquí tenemos ya una orientación. Este libro contiene un gran tesoro, y hemos de leerlo con calma, con atención, intentando descubrir el tesoro.

 

    1. ¿En qué consiste ese gran tesoro? ¿Cómo es? El núcleo central de este tesoro y el programa de los Hechos lo tenemos en las palabras que dijo Jesús a los Apóstoles antes de la Ascensión: “Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

    a. La fuerza del Espíritu Santo. A este libro se le ha llamado el Evangelio del Espíritu. El subtítulo del libro podría ser: “La fuerza del Espíritu en la expansión del Evangelio”. Hay que leer este libro buscando descubrir la presencia y la acción del Espíritu Santo. La referencia al Espíritu es una clave importante para entender este libro. La Iglesia primigenia está dirigida por el Espíritu Santo después de Pentecostés. El espíritu Santo que dirigió a Jesús a lo largo de toda su vida (Lc 1,35; 4,18), ahora es el que dirige a los Apóstoles en la tarea de llevar el Evangelio al mundo entero. Más que en la transformación interior por el Espíritu, como insiste S. Pablo, Lucas insiste en la fuerza del Espíritu para que los Apóstoles lleven el mensaje del Evangelio al mundo entero. Habría que leer aquí algunos ejemplos: 4,8.31; 5,3.9.32; 6,3.5; 15,8.28; 21,4.11. Esta clave es importante para leer este libro.

    b. Testigos de Cristo resucitado. La misión principal de los Apóstoles es ser testigos de Cristo resucitado, gracias a la fuerza del Espíritu Santo: “A este Jesús, Dios le ha resucitado, y de ello somos testigos todos nosotros” (2,32). De esta manera Lucas une el tiempo del ministerio de Jesús y el tiempo de la Iglesia. ¿Quiénes son los que tienen la misión de dar este testimonio? Los Apóstoles (2,32), S. Pablo (22,15) y Esteban (22,20). Estos son los testigos (martys).

    Para poder realizar esta tarea, estos hombres necesitan tener una experiencia profunda de Cristo resucitado. Es necesario que hayan visto a Cristo resucitado (10,41; 22,14-15; 7,55-56). Pero no es suficiente que hayan visto a Cristo resucitado. Además es necesario que comprendan y vivan el valor salvífico y el sentido de la resurrección. Y para ello, recurren a la luz del A.T: las profecías (2,24b-36).

    Una vez que anuncian el valor salvífico de la resurrección de Cristo, invitan a los oyentes a la conversión y a la fe (2,37-41; 10,43b). La acción salvífica que ha realizado Dios Padre al resucitar a Jesús, llega a los oyentes por medio de los Apóstoles.

    Y tenemos un dato sorprendente. Siempre que los Apóstoles predican la Resurrección de Jesús, siempre surge la oposición y la persecución contra los Apóstoles (4,1-7; 13,44-45). Pero esta persecución y oposición no son algo trágico para los predicadores. Ellos consideran esta situación como algo positivo para la expansión del Evangelio, y para poder participar en la cruz de Cristo (5,41).

    Tienen tres medios para dar testimonio de Cristo resucitado: ofreciendo su vida entregada y perseguida, haciendo milagros y por  la palabra, por la predicación. Aparecen también tres sacramentos: el bautismo (2,41; la confirmación (8,17) y la Eucaristía (2,42). Lucas da la primacía a la proclamación de la Palabra. Esta predicación no es sólo dicción vocal, sino que lleva consigo la eficacia de la salvación que ha conseguido Dios Padre al resucitar a Jesús. Vale la pena leer los discursos de Pedro, Pablo y Esteban.

    Estos testigos tienen la habilidad pedagógica de acomodar sus palabras a la situación de sus oyentes. Por ejemplo, no hablan de la misma manera a los judíos y a los paganos (13,16-41; 14,15-17; 17,22-31). Además en sus discursos empiezan por atraer la atención de los oyentes. Y para ello, empiezan el discurso por un  hecho que conocen los oyentes, o un hecho que interesa a los oyentes. Una vez que despiertan la atención de los oyentes, entonces proclaman la Resurrección de Jesús. Por ejemplo: 2,14-41; 3,11-12; 5,29; 10,34-35. Es el arte de llegar a los oyentes con un mensaje. Testigos de la Resurrección de Cristo, pero con una pedagogía que tiene valor para los predicadores actuales.

    c. Desde Jerusalén hasta los confines de la tierra. Siguiendo el mandato de Jesús y movidos por el Espíritu Santo, los Apóstoles han llevado el anuncio de la resurrección de Cristo hasta los confines de la tierra. Esta Palabra de salvación ha hecho su recorrido. Esto es lo que nos cuenta S. Lucas en este libro: el recorrido que ha hecho esa Palabra de salvación. Nos lo cuenta paso a paso en sus diversas etapas:

    - Los Apóstoles han predicado en Jerusalén la Palabra de la salvación (2-5).

    - Después de la muerte de Esteban, Felipe la ha llevado hasta Samaría (8,5-40).

    - Pedro la ha predicado a Cornelio y a su familia en Cesarea (10,1-11,18).

    - Y Pablo la llevará hasta Roma (15,36-28,31).

El anuncio de la resurrección de Cristo ha superado todos los límites y obstáculos. La Buena Noticia de Jesús ha llegado hasta los confines de la tierra.

    Con estas tres claves podemos leer con provecho el libro de los Hechos. Lo que nos interesa es descubrir que la Resurrección de Cristo es el gran tesoro, el bien más grande que nos podemos imaginar. Descubrir que la Resurrección de Cristo es la fuente de la vida nueva y de todo bien: es el Salvador que vive y actúa en la comunidad cristiana, que El es la luz que nos llena de esperanza.

    Siguiendo el ejemplo de los Apóstoles y con la fuerza del Espíritu, lo mejor que podemos hacer hoy es dar testimonio de Cristo resucitado con la palabra y la vida. Esta es la misión principal que tiene hoy la Iglesia: llevar el testimonio de Cristo resucitado a toda la humanidad. Este sería el núcleo central de la nueva evangelización de que se habla hoy. Una cosa es evidente: la renovación deseada no nos llegará por unos cambios exteriores, sin más. La renovación deseada nos vendrá de la aceptación de la Resurrección  de Cristo y de su eficacia salvadora con corazón generoso. Dar a conocer con palabras y hechos el tesoro de la Resurrección de Cristo.

 

    2. El autor. Siguiendo la antigua tradición cristiana, la mayoría de los especialistas en la materia afirman que es S. Lucas el autor del libro de los Hechos. El mismo que el del tercer evangelio. Parece ser que en un principio estos dos libros constituían un solo tomo, pero con el tiempo se han separado. No hemos de olvidar que estos libros se complementan y se enriquecen mutuamente. En el primer libro tenemos lo que hizo y enseñó Jesús: cómo realizó la salvación de la humanidad. Así dice Lucas en la presentación de los Hechos: “Ya traté en mi primer libro, querido Teófilo, de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio, hasta el día en que subió al cielo (Hch 1,1-2).

    En el segundo libro Lucas quiere darnos a conocer cómo se difundió el Evangelio de Jesús al comienzo del cristianismo (años 30-60) en las nuevas culturas y formas de vida de aquel tiempo. En los dos libros encontramos la Buena Noticia de Jesús, pero expresada y vivida en ambientes y culturas diferentes.

    ¿Y quién es este Lucas? No es del grupo de los doce Apóstoles, pero parece ser uno de los primeros gentiles - no judíos- que se convirtieron al cristianismo. Se cree que era de Antioquía de Siria. Acompañó a Pablo en algunos viajes misioneros (Hch 16,10-11; 20,6-7), y también en el cautiverio de Roma (2 Tim 4,11). Pablo nos dice que era médico (Col 4,14). Era un hombre que conocía bien la cultura de su tiempo y era gran historiador. Pero por encima de toda su preparación humana, era un cristiano con un gran amor a Jesucristo, y auténtico evangelista.

    En los dos libros presenta algunos temas de forma paralela. Lucas utiliza varias veces el modelo del paralelismo. Por ejemplo:

       - Lc 1,1-4: en el prólogo ofrece el libro a Teófilo. Hch 1,1-2: en el prólogo ofrece el libro a Teófilo.

       - Lc 3,22: El Espíritu baja sobre Jesús en forma de paloma. Hch 2,1-13: El Espíritu baja a los Apóstoles con signos extraordinarios.

- Lc 5,17-26: un paralítico es curado con la fuerza de Jesús. Hch 3,1-10: Un paralítico es curado en el nombre de Jesús.

        - Lc 23,47: Un centurión tiene buena opinión sobre Jesús. Hch 27,3.43: Un centurión tiene buena fama sobre Pablo.

 

    3. Fuentes. Cuando Lucas habla del primer libro, nos dice expresamente que ha utilizado lo que han escrito sus antecesores: “Ya que muchos se han propuesto componer un relato de los acontecimientos que se han cumplido entre nosotros, según nos lo transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la Palabra, me ha parecido también a mí, después de haber  investigado cuidadosamente todo lo sucedido desde el principio, escribirte una exposición ordenada, ilustre Teófilo” (Lc 1,1-3). Comparando el tercer Evangelio con los demás Evangelios, podemos saber cómo ha utilizado Lucas los escritos de los demás evangelistas.

    Sin duda alguna, Lucas ha recurrido también en los Hechos a las fuentes anteriores. Estas pueden ser escritas  o recibidas oralmente por tradición. Pero en el caso de los Hechos no tenemos otros textos anteriores para hacer la comparación como en los Evangelios. No es fácil, a pesar de lo que han escrito los estudiosos sobre el tema, decir algo con seguridad. Según los especialistas, se pueden mencionar algunas fuentes:

- Las noticias que se refieren a la Comunidad cristiana de Jerusalén (1-5).

- Noticias referentes a Pedro y a Felipe (8,4-40; 9,32-11,18).

- Noticias recogidas en la Comunidad cristiana de Antioquia de Siria (6,1-8,3; 11,19-30;13,1-3).

- Seguramente el mismo Pablo habrá contado a Lucas el hecho de su conversión (9,1-30).

- Y tenemos el diario que el mismo Lucas ha escrito seguramente cuando acompañaba a Pablo: narraciones nosotros (16,10-17; 20,5-21,18; 27,1-18,16).

Pero hay que añadir que Lucas sabe dar su nota propia a las fuentes de que se vale. Sabe imprimir su nota teológica a las fuentes. Y sabe dar una unidad a las fuentes que ha recogido. Tenemos en los Hechos cuatro acontecimientos que dan unidad a todos los acontecimientos:

  • El día de Pentecostés (2,1-13)
  • La conversión de Pablo (9,1-30)
  • El bautismo de Cornelio y su Familia (10,1-48)
  • El Concilio de Jerusalén (15,1-21)

Lucas no pretende contar todos los acontecimientos del cristianismo primigenio. Ha escogido algunos acontecimientos en los que aparece cómo los Apóstoles, con la fuerza del Espíritu Santo, han predicado la Buena Noticia de Jesús a los hombres de diversas culturas.

     El título “Hechos de los Apóstoles” no dice con propiedad el contenido del libro. No trae las noticias de todos los Apóstoles. En la primera parte (1-12), Pedro es el protagonista, y en la segunda parte, Pablo (13-28). Lucas da el nombre de Apóstol también a Pablo y Bernabé (14,14). También da mucha importancia a Santiago, el que fue jefe de la Iglesia de Jerusalén después de Pedro (12,17; 15,13-21; 21,18-25). Hay también otros personaje a quienes no da tanta importancia, pero que han tenido una misión especial: Esteban, el primer mártir (6,1-7,60); Felipe, el diácono-evangelista (8,4-40); Marcos, el sobrino de Bernabé (13,5.13; 15,37-38); Silas, el compañero de Pablo (15,22.27); Timoteo, discípulo de Pablo (16,1-3); Aristarco, compañero de Pablo (19,29); Apolo, predicador (18,23-28); Ananías, el que ayudó a Pablo en la conversión (9,10); Priscila y Aquila (18,1-2).

    

     4. ¿Cuándo y para quiénes ha escrito Lucas este segundo libro?  ¿Cuándo? En la tradición no se dice nada del tiempo de la composición. La historia que narra el libro de los Hechos termina en Roma hacia el año 61-62 (28,30). Una cosa es evidente en este tema: los Hechos han sido escritos por Lucas después del Evangelio (1,1). Se calcula que el Evangelio ha sido escrito hacia el año 70, y los Hechos, hacia el año 80.

    Más importante que saber la fecha de la composición es saber para quiénes ha escrito Lucas el segundo libro. Lucas dedica el segundo libro, lo mismo que el primero, a Teófilo: “Ya traté en mi primer libro, querido Teófilo” (Hch 1,1).”Me ha parecido también a mí, después de haber investigado cuidadosamente todo lo sucedido desde el principio, escribirte una exposición ordenada, ilustre Teófilo” (Lc1,3). Este Teófilo parece que representa a la Iglesia  del tiempo de Lucas. Una Iglesia que ha perdido el primer entusiasmo cristiano: los cristianos han empezado a dejarse a llevar por la indiferencia, la desidia, por el desencanto. Andaban desorientados. Es la Comunidad cristiana que sufre la influencia de los gentiles y de los romanos. Es un ambiente nuevo. Es la Iglesia de la tercera generación. Aparece el peligro de abandonar a Jesús y entregarse a nuevos maestros Quieren  separarse de la tradición de los Apóstoles. La religión judía también empieza a tomar fuerza de nuevo, volviendo a la tradición mosaica y la ley de Moisés.

    ¿Cómo ha respondido Lucas a esta situación nueva de la Comunidad cristiana? Les recuerda la experiencia y la vivencia de los cristianos de la generación precedente, diciendo: “Para que comprendas la autenticidad de las tradiciones que has recibido” (Lc 1,4). Les recuerda el ejemplo de la época cuado los cristianos vivían con mucha autenticidad su cristianismo. Es una Iglesia dirigida por el Espíritu; una Iglesia que sabe dar testimonio de la resurrección de Cristo; una Iglesia que sufre afrentas hasta el martirio por llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra; una Iglesia que considera como su misión específica crear comunión en la sociedad; una Iglesia que  considera la oración como una de sus tareas importantes; una Iglesia en la que los pobres son acogidos en sus necesidades. No es necesario decir que la Iglesia de nuestros tiempos y la Iglesia de todos los tiempos puede recibir de esa Iglesia la luz para el seguimiento a Cristo.

 

    5. Los discursos. Lucas da mucha importancia a los discursos en este libro. Se cuentan hasta 24. Pedro tiene 8 y Pablo 9. Los demás son de estos hombres:

    - Gamaliel (5,35-39).

    - Esteban (7,2-53).

    - Santiago (15,13-21).

    - Demetrio (19,25-27).

    - El canciller de Efeso (19,35-40).

    - Fausto 25,24-27).

    En cuanto a la historicidad de estos discursos, hay que decir que Lucas no ha estado presente, pero los ha recogido de la tradición, en las fuentes. No son invención de Lucas, pero tampoco son como sacados de una grabación. Los más importantes son los de Pedro y Pablo, y aparecen en las diversas etapas del recorrido de la Palabra. Por ejemplo, el primer discurso de Pedro en Jerusalén (2,14-41) aclara el acontecimiento de la venida del Espíritu. El discurso de Esteban (7,2-53) responde al problema suscitado por los helenistas en Jerusalén. El discurso de Pedro a Cornelio y sus familiares (10,34-43) supone el problema del bautismo de los gentiles sin el cumplimiento de la ley de Moisés.

 

    6. El uso del A.T. Los predicadores cristianos utilizan mucho la luz del A.T. Encuentran en el A.T. las profecías que se referían a Cristo y a su obra de salvación. A la luz del A.T., las palabras y obras de Jesús alcanzaban todo su sentido. Y al mismo tiempo, los antiguos textos de los profetas alcanzaban su sentido pleno a la luz de la Resurrección de Cristo. Este método se encuentra con frecuencia en los diversos discursos de los predicadores.

    Pero tenemos que afirmar que este método no es invención de los predicadores. Jesús ha utilizado el método. El ha dado plenitud a las esperanzas del pueblo de Israel. Los  textos del A.T. están escritos mirando a la salvación de Jesucristo. Tenemos en el Evangelio de Lucas el programa que presenta Jesús a los Apóstoles: “Cuando  estaba con vosotros ya os dije que era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lc 24,44). Estos tres temas, la pasión de Jesús, su Resurrección y la predicación del Evangelio a los gentiles, los Apóstoles los han expresado a la luz del A.T. Por ejemplo:

- Dt 18,15.19: Hch 3,22: Dios había prometido a Moisés que después de su muerte (de Moisés) no dejaría a Israel sin profeta. Pedro ha descubierto en la Resurrección de Jesús la realización de esta profecía

-  Gen 12,3: Hch 3,25: En la promesa que Dios había hecho a Abrahan Pedro ve    la profecía de la predicación que ha hecho él a los gentiles

   - Sal 2,7: Hch 13,33: El salmo habla de un rey de la dinastía de David,   elogiando el día de su entronización. Pablo ha visto en este salmo una profecía de la Resurrección de Cristo: el día de Pascua cuando el Padre ha resucitado a Jesús, ese día este salmo ha llegado a su sentido pleno.

Utilizando así el A.T., Lucas nos quiere decir que las promesas del antiguo Israel se han realizado  en la Resurrección de Cristo. El Israel antiguo no ha dejado de ser pueblo de Dios. Ha conseguido su plena realización gracias a la Resurrección de Cristo. Desde entonces, según la teología de Lucas, ya no son dos pueblos, dos Iglesias, Iglesia antigua y nueva. Es un único pueblo, única Iglesia: Iglesia que renueva e ilumina Cristo desde su Resurrección.

 

    7. Pedro y Pablo caminan unidos. Lucas presenta la vida y las obras de estos dos grandes predicadores de forma paralela: los presenta unidos. Algunos ejemplos:

    - La labor misionera de los dos está conducida por el Espíritu: Pedro ha recibido el Espíritu Santo el día de Pentecostés, y empieza enseguida a predicar (2.4-14). Es el Espíritu el que ha llevado a Pablo y Bernabé a predicar el Evangelio (13,2).

    - Los dos tienen un discurso parecido al comienzo de su predicación: los dos hablan de los acontecimientos de Jerusalén (2,23-24; 13,28-30); los dos recurren al A.T. buscando luz (2,15-31; 13,33-35); los dos hacen alusión a David (2,29; 13,36).

    - Los dos hacen curaciones parecidas: Pedro cura a un hombre que estaba paralítico desde su nacimiento (3,1-10). Pablo lo mismo (14,8-10).

    - Los dos han sufrido de manera parecida las persecuciones: Pedro ha sido arrestado y encarcelado tres veces (4,2-3; 5,18; 12,3-4). Lo mismo ha sufrido Pablo tres veces (16,23; 21,33; 24,27).

    - Los dos han sido llevados ante el sanedrín (4,7; 5,27; 23,1). Para los dos esta persecución ha sido una buena ocasión para dar testimonio  a favor de Cristo (4,10-12; 5,41; 5,30- 32; 23,11).

Al presentar así  de forma paralela a estos dos grandes misioneros, Lucas nos quiere decir que Pablo también ha sido testigo de Cristo lo mismo que Pedro. Los dos ha recorrido el mismo camino, siendo fieles testigos de la Resurrección de Cristo.

 

    8. Lucas y Pablo. La relación entre Lucas y Pablo es una cuestión que está sin solucionar del todo, a pesar de que se ha escrito mucho sobre ello. Algunos especialistas comparan con las cartas de S. Pablo lo que encontramos en los Hechos, y encuentran muchas diferencias entre los dos, hasta llegar a afirmar que los Hechos no pueden ser obra de Lucas. Otros, en cambio, dicen que hay que buscar la solución en la manera que tiene Lucas de hacer historia. Esta última solución parece acertada.

      El método que utiliza Lucas para hacer historia es el método que utilizaban los historiadores del A.T.: quiere enseñarnos a vivir todos los acontecimientos a la luz de la fe. Mirar todos los acontecimientos con los ojos de Cristo. La finalidad de Lucas no es como la de los historiadores actuales: no quiere dar a conocer todos los detalles de los acontecimientos para satisfacer nuestra curiosidad. Lo que Lucas nos quiere decir en el libro de los Hechos es que la Palabra, la Buena Noticia de Jesús, se ha extendido y ha llegado hasta los confines de la tierra, por medio de los testigos y con le fuerza del Espíritu Santo. La proclamación de la Resurrección de Cristo ha recorrido pueblos, razas y ciudades hasta llegar a Roma. Lucas da mucha importancia a Pablo en este recorrido de la Palabra, pero Lucas no tiene la pretensión de dar una vida completa de Pablo. La finalidad de Lucas ha sido escoger algunos acontecimientos de la predicación de Pablo, y no toda su vida.

    Al presentar a Pablo, Lucas tiene todavía un detalle importante: presenta a Pablo de manera paralela con Jesús. Los dos tienen rasgos semejantes. Es también una manera de hacer historia. A Lucas le gusta el paralelismo. Algunos ejemplos:

  • Lo mismo que Jesús, Pablo también va a la sinagoga a predicar el Evangelio   (Lc 4,15.16.33-37; Hch 9,20; 13,5.14; 14,1).
  • Jesús tomó la iniciativa de ir a Jerusalén para dar su vida (Lc 9,51). Lo mismo hizo Pablo (Hch 19,21).
  • Jesús anunció su pasión (Lc 9,22.44;18,31-33). Pablo también anunció su pasión (20,22-23).
  • Al comienzo de su predicación, los dos actúan de manera semejante: el discurso inaugural (Lc 4,16-30; Hch 13,14-47).
  • Lo mismo que Jesús (Lc 22, 63), Pablo ha sido azotado (Hch 23,2). Los dos  han sido llevados ante el sanedrín (Lc 22,66-71; Hch 22,30).

Y no sólo Pablo, sino también a Pedro y a Esteban Lucas los presenta unidos a Cristo. Por ejemplo, al presentar la muerte de Esteban, Lucas pone en boca de Esteban las mismas palabras de Jesús: “Señor, recibe mi espíritu” (Hch 7,59; Lc 23,46). Y Esteban muere perdonando a los verdugos lo mismo que Jesús (Hch 7,60; Lc 23,34). Pedro también lo mismo que Jesús ha sido llevado ante el sanedrín (Hch 4,5-7; 5,27; Lc 22,66-71).

    

     9. El texto. Escrito en griego, el texto de los Hechos se ha transmitido, como todos los libros del N.T., en manuscritos hasta la invención de la imprenta. Los manuscritos más antiguos son el texto alejandrino y el texto occidental. El texto alejandrino es el más breve, mientras que el occidental tiene bastantes glosas y es más largo. La mayoría de los autores sigue el texto alejandrino.

 

    10. Libro de Pascua. El libro de los Hechos se lee en la liturgia sobre todo en tiempo de Pascua. Nos ayuda a descubrir y a vivir el misterio pascual, al presentarnos la Resurrección de Cristo, la fuerza del Espíritu, la expansión de la Palabra y la necesidad de la renovación de la Iglesia. Además, la vida religiosa ha cogido ejemplos de este libro, sobre todo el fervor y la caridad de la comunidad primigenia de Jerusalén. Todas las órdenes religiosas recurren a los Hechos para encontrar el ideal de la vida comunitaria. El ejemplo de Pablo ha tenido también mucha importancia en las formas de vida religiosa. En este libro encontramos por primera vez, los cuatro pilares principales de la vida cristiana: la enseñanza de los Apóstoles, la oración comunitaria, la celebración de la Eucaristía y la distribución de los bienes entre los pobres.