Abrahán, modelo de creyente

P. Agustín Apaolaza o.s.b. 

    

    Estamos en el año de la fe, que empezó el 11 de Octubre pasado y terminará el 24 d Noviembre de 2.013, solemnidad de Cristo rey. La finalidad de este año de la fe es descubrir mejor el camino de la fe, descubrir qué es la fe y cómo podemos vivirla con más intensidad.

     En esta charla quisiera recordaros la figura de Abrahán  como modelo de los creyentes. ¿Qué es lo que podemos aprender  de la fe de Abrahán?  El ciclo de Abrahán  lo tenemos en los capítulos 12-25 del Génesis. Dividiré en dos partes  esta charla. En primer lugar, una mirada a la fe de Abrahán en estos capítulos, y después algunos testimonios de los Padres de la Iglesia.

 

     I. El ciclo de Abrahán (Gen 12-25).

     Lo primero que vemos en el libro del Génesis es el plan que tenía Dios de formar una familia, una comunidad donde pudiera comunicar su vida, su felicidad a la humanidad. Pero este plan no se ha podido realizar por la desobediencia de Adán y Eva. A pesar de la desobediencia de los primeros padres, Dios no ha desistido en su proyecto. Con Abrahán Dios da comienzo a una nueva etapa en la historia de la salvación. Dios va a dar un paso más con Abrahán en su proyecto.

     Ahora podemos leer  el texto de Abrahán. ¿Cómo aparece la figura de este creyente?. Y lo primero que vemos es que Dios es el primero que interviene. Dios llama a Abrahán. La iniciativa es de Dios. Un Dios dueño de todo, cercano al hombre con quien se relaciona abiertamente.¿Qué pide Dios a Abrahán? “El Señor dijo a Abrahán: Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre y vete a la tierra que yo te indicaré” (Gen 12,1). Es mucho lo que pide Dios. Despojarse de todo. Empieza una etapa nueva en la vida de Abrahán.

     Dios le promete una tierra, la tierra de Palestina: “A la tierra que yo te indicaré” (12,1b). Y le promete que le hará padre de muchos pueblos: “Yo haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre, que será una bendición. Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra” (12,2). Es una promesa grandiosa, y Dios le dice que estará con él. En la vida de fe de Abrahán la iniciativa la tiene Dios.

      A esta iniciativa y llamada de Dios Abrahán responde plenamente. Es la respuesta de fe: “Partió Abrahán como le había dicho el Señor” (12,4). Pocas palabras, pero aparece claramente la profundidad de la fe de Abrahán. Dios le ha exigido un desarraigo total, dejar lo que tenía, lo que era en su país. Parecía que iba a perder todo, va a arriesgar todo, se ha vaciado de sí mismo. Este vacío lo va a llenar Dios. Abrahán sabe que su fortaleza está en Dios.

     Después hay muchas escenas en la vida de Abrahán, donde ha sido probado. Pero la prueba más  grande ha sido cuando Dios le ha pedido que sacrifique a su hijo Isaac (22,1-19). Ha sido algo muy fuerte: “Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac, ve a la región de Moria, y ofrécemelo allí en holocausto en el monte que yo te indicaré (Gen 22,2). Cuando Dios llamó a Abrahán, le exigió la renuncia a su pasado. Ahora Dios le pide que renuncie también a su futuro. Si sacrifica a su hijo único ¿en qué quedan las promesas de Dios? Si sacrifica a Isaac, tiene que renunciar a las promesas. Si sacrifica a Isaac, la vida de Abrahán no tiene sentido. Todo le viene abajo. Tiene que hacer una opción radical: o Dios o las promesas. Y Abrahán opta por Dios. Acepta a Dios en la más oscura de las oscuridades.

     Y después de esta prueba, vino la luz: Dios volvió a renovar las promesas: “Le dijo: Juro por mí mismo, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu único hijo, te colmaré de bendiciones y multiplicaré inmensamente tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas. Todas las naciones de la tierra alcanzarán la bendición a través de ti descendencia, porque me has obedecido” (Gen 22,15-18).

 

     Concluyendo: Creo que podemos considerar a Abrahán como modelo de creyente. Si miramos los rasgos de su fe, vemos que la iniciativa ha empezado en el amor de Dios, que busca el bien de la humanidad. La respuesta de Abrahán ha sido una obediencia plena. Ha hecho una opción por Dios, dejando su vida y las promesas de Dios. Abrahán no ha tomado la iniciativa por su cuenta. Es una fe con confianza plena en Dios. Adhesión plena a los planes de Dios. Aquí empieza una nueva etapa en la humanidad con la obediencia de Abrahán, que repara la desobediencia de adán y Eva. Todo esto estaba preparando la obediencia de Cristo al Padre y la respuesta del Padre al resucitarle.

 

     II. Algunos testimonios de los Santos Padres.

 

     1. San Antonio Abad  interpreta alegóricamente la llamada y la emigración de Abrahán como una imagen de quienes emprenden el camino espiritual: “Hay hombres que son llamados por la ley del amor establecida en su naturaleza y por el bien primordial que está en la naturaleza originaria en su primera creación. La palabra de Dios vino a ellos y no dudaron de ella sino que la siguieron con premura, como el patriarca Abrahán. Cuando Dios vio que Abrahán había aprendido a amarlo no por enseñanza humana sino por la ley que estaba implantada en su naturaleza originaria, se le apareció y le dijo: Vete de tu tierra y de la casa de tu padre y ven a la tierra que yo te mostraré. Y él marchó sin ninguna duda, pues estaba preparado para su llamada. Abrahán es el modelo de esta actitud que hay en las almas de los que siguen su ejemplo. Obrando y buscando el temor de Dios por medio de la paciencia y la calma, consiguen la glorificación por el modo verdadero de vida, pues sus almas están preparadas para el amor de Dios. Esta es la primera llamada”.

 

     2. San Ambrosio interpreta el caso de Abrahán como una llamada a abandonar el pecado. “Abrahán significa tránsito. Por tanto, para que la mente, que en Adán se había entregado al placer y a los atractivos corporales, se volviese a la forma ideal de la virtud, se ha propuesto un varón sabio como ejemplo. En efecto, Abrahán en hebreo significa padre, en el sentido de que la mente, con la autoridad, el juicio y la solicitud de un padre, gobierne a toda la persona. Así pues, esta mente estaba en Jarán, es decir, en cavernas, sujeta a diversas pasiones. Por eso se le dice: “Sal de tu tierra, es decir, del cuerpo. De esta tierra salió aquel cuya patria está en los cielos”.

 

     3. San Agustín considera a Abrahán como modelo de la fe. “Justo es, hermanos, que confiemos en Dios, aun antes de que pague nada, porque no puede mentir, ni puede engañar. Es Dios. Así confiaron en él  nuestros Padres. Así lo hizo Abrahán. He ahí una figura digna de que sea alabada y pregonada. Nada había recibido aún de Dios y creyó cuando hizo las promesas; nosotros, en cambio, a pesar de haber recibido tanto, aún no confiamos en El. ¿Podía, acaso, decirle Abrahán:´Creeré, puesto que cumpliste aquello que me prometiste?`. El confió desde el primer momento, sin haber recibido nada de aquel estilo.´Vete de tu casa- le dijo- y de tu parentela y vete a la tierra que yo te daré`. Abrahán confió inmediatamente en Dios, y la tierra no se le dio a él personalmente, sino que la reservó para la posteridad”.

 

    4. Cesareo de Arlés entiende el mandato de abandonar la parentela como una orden de cambiar la vida de antes. “Cuando ahora se leía la Escritura divina, hemos oído que el Señor dijo al bienaventurado Abrahán: ´Vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre`. Hermanos queridísimos: Todas las cosas escritas en el Antiguo Testamento mostraban por anticipado un tipo e imagen del Nuevo Testamento, como dice el Apóstol: ¨Todas estas cosas les sucedían como en figura, y fueron escritas para escarmiento nuestro, para quienes ha llegado la plenitud de los tiempos`. Por eso, si fueron escritas para enseñanza nuestra, lo que leemos que aconteció entonces a Abrahán corporalmente, espiritualmente lo vemos cumplido en nosotros, siempre y cuando vivamos en santidad y justicia: ´Vete, dice el Señor, de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre`.Todo esto, hermanos, creemos y sentimos que se realiza en nosotros mediante el sacramento del bautismo. Nuestra tierra es nuestra carne: y es verdad que salimos de nuestra tierra cuando al abandonar los usos de la carne, seguimos las pisadas de Cristo. ¿No te parece que es como si felizmente te fueras   de tu tierra, es decir, de ti mismo, que el soberbio se haga humilde, el iracundo se vuelva paciente, el lujurioso se torne casto, el avaro dadivoso, el envidioso benigno, y el cruel pacífico?  Es verdad, hermanos que abandona felizmente su tierra el que – por amor de Dios—realiza tales cambios”.  

 

     5. Orígenes relaciona el sacrificio de Isaac con el sacrificio de Cristo, y pide a los cristianos que imiten a Abrahán. “Pero no olvidemos que estas cosas le fueron dichas a Abrahán y que de él se proclamó que temía Dios.¿Por qué? Porque no perdonó a su hijo. Comparemos nosotros ahora estas cosas con las palabras del  Apóstol, cuando dice de Dios:‘ El no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. Contempla a Dios rivalizando con los hombres en magnífica liberalidad. Abrahán ofreció un hijo mortal que no llegaría a morir: Dios, por los hombres entregó a la muerte a su Hijo inmortal. ¿Qué diremos a esto? ´¿Cómo pagaremos al Señor todo lo que Él nos ha dado?`. Dios Padre, por causa nuestra, no perdonó a su propio Hijo. ¿Quién de vosotros, según tú, oirá alguna vez la voz del ángel que dice: ´Ahora sé que tú temes a Dios, puesto que no me has negado a tu hijo, o a tu hija, o a tu mujer, o no te has reservado el dinero o los honores del siglo o las ambiciones del mundo, sino que lo has despreciado todo y ´todo lo tuviste por basura con tal de ganar a Cristo`, ´todo lo has vendido y lo has dado a los pobres  y has seguido al Verbo de Dios`? ¿Quién de vosotros según tú, oirá de los ángeles palabras semejantes? Entretanto, Abrahán oye esta voz y se le dice: ´Por mí no perdonaste a ti hijo amado”.

 

 

     Conclusión.  Hemos reflexionado sobre la fe de Abrahán. ¿Qué podríamos subrayar para nosotros en este año de la  fe?

     1. Hemos recordado que la fe es don de Dios. Dios tiene la iniciativa cuando llama a Abrahán. Dios irrumpe en la vida de este hombre. Dios le quiere hacer partícipe de su vida y de su felicidad, para que sea padre de un nuevo pueblo, de una nueva humanidad. La llamada de Dios no la podemos dejar limitada a nuestra vida personal y a nuestro entorno. Esta iniciativa de Dios se da desde la primera existencia del hombre (S.Antonio), y se prolonga y se vive en el bautismo (Cesareo de Arlés).

     2. Esta iniciativa de Dios ha encontrado en Abrahán una respuesta incondicional y plena. Este hombre ha sido capaz de dejar todo y aceptar la palabra de Dios. Los Padres de la Iglesia han insistido en que esta llamada de Dios exige una conversión. La salida de Abrahán de la tierra y de sus parientes es una llamada  a los cristianos para que salgan de la mala vida y del pecado. Es una invitación a dejar la vida anterior. La fe pide una conversión en todos los tiempos.

     3. Esta conversión se manifiesta en Abrahán cuando Dios le ha pedido el sacrificio de su hijo Isaac. Abrahán ha sido capaz de renunciar a todo, a su vida pasada, a su futuro, a las promesas de Dios. Pero se ha quedado con Dios. Así, Abrahán se convertirá en bendición para todas las naciones de la tierra. La fe, desde la conversión, nos abre a los planes de Dios y nos invita a llevar esos planes al mundo en que vivimos.

     4. Si ahora miramos a S. Benito, podemos leer el comienzo del Prólogo: “Escucha, hijo, los preceptos del maestro e inclina el oído de tu corazón, acoge con gusto la exhortación de un padre bondadoso y ponla en práctica, a fin de que por el trabajo de la obediencia retornes a Aquel de quien te habías apartado por la desobediencia” (Prol 1-2). La actitud del monje/a desde el principio ha de ser la actitud de escucha, como ha hecho Abrahán, para cumplir después las exigencias del Evangelio que aparecen a lo largo de la Regla.  

     5. Desde aquí podemos celebrar este año la Navidad, recordando todo lo que supone para nosotros la fe como don del amor de Dios. Este amor de Dios se nos ha manifestado y se nos manifiesta de manera más eficaz que a Abrahán en el nacimiento, muerte y Resurrección de Cristo. Todas las celebraciones de Navidad actualizan y hacen presente este amor de Dios vivido en la fe y prolongado en la vida de cada día. No hemos de olvidar que la celebración auténtica de la fe nos debe llevar a mirar y a aliviar las necesidades de los demás, como dice S. Pablo: “Lo que vale es la fe que actúa por medio del amor” (Ga 5,6).