¡exulta!

Carta de la Santísima Pascua 2014

Zaragoza, primavera 2014

 

Hombres y mujeres que leáis estas líneas (pues ahora, a través de las redes, los escritos llegan a destinatarios insospechados), cualquiera que seáis, amigos y hermanos todos:

Quiero daros una buena noticia, la Buena Noticia, y no guardármela en el pañuelo estúpidamente, egoístamente. Porque es una Buena noticia para el mundo entero. Os la doy para que vuestra alegría crezca y llegue a plenitud, para que la esperanza arraigue en vuestras vidas y os tenga alegres, para que estéis firmes en la tribulación y no decaiga vuestro ánimo. Y ésta es la Noticia: ¡Jesucristo ha resucitado!

¡Jesucristo ha resucitado!

No me digáis: “Si eso es verdad, mejor para él, y para los cristianos que se lo crean”.

¡Jesucristo ha resucitado!

No me digáis: “Seamos realistas, seamos lógicos, tengamos opiniones científicas. Dejemos de usar los viejos mitos sobre la vida después de la muerte, con los que la Humanidad ha alimentado su deseo de pervivencia, de vencer los límites”

¡Jesucristo ha resucitado!

No me digáis: “De eso ya hablaremos otro día. Lo que ahora importa es solucionar la crisis económica, los graves problemas de sus principales afectados: paro, desahucio, hambre, salud, educación, servicios sociales”. Hay también otras emergencias humanas de hondo calado.

¡Jesucristo ha resucitado!

No me digáis: “Carpe diem, agarra el presente.  El muerto al hoyo y el vivo al bollo.” No me lo digáis más.

Mirad, amigos, hermanos todos: Decir que Jesucristo ha resucitado implica que previamente fue crucificado, muerto y sepultado, y que descendió a los infiernos, hechos que unen poderosamente a Jesucristo con nosotros, con la condición humana.

 

Decir que fue crucificado  es decir que la enfermedad final que le llevó a la muerte, fue una enfermedad provocada, fue la cruz, fue un patíbulo, fue morir como un maldito, despreciado, abandonado y solo… No se le ahorró ningún sufrimiento. Él, el Resucitado, conoció, pues, conoce  y cargó con todos nuestros sufrimientos, desprecios y soledades. Fue así porque nos amaba a todos, a ti, a mí y a todos. Nos amó hasta morir de amor crucificado.

Decir que fue muerto  es decir que atravesó esa última frontera de la vida, esa raya misteriosa, ese claustro ignoto…por el que pasamos todos y Él nos precede, como buen pastor,  por  esa cañada oscura. Nos amó como buen pastor que da la vida por las ovejas, que no huyó ante el lobo de la muerte. El Señor Resucitado, que estaba muerto y ahora vive eternamente, nos amó hasta el extremo.

Decir que fue sepultado  es afirmar, por tanto,  que conoció verdaderamente el sepulcro, ese destino final de nuestros restos corporales. Es afirmar que el Resucitado fue igual a nosotros en todo, de la cuna al sepulcro, y que nos ha precedido en todo. Nos creó Él, nos eligió Él, nos amó con amor inmenso, sin medida...Él va delante, Él es el primero en todo.

¡Descendió a los infiernos!

Cuánto gozo profundo encierran estas palabras del credo de los apóstoles, cuánto consuelo… Las acciones de Jesucristo son acciones divinas y, por lo tanto, eternas, permanentes, actuales. Son dimensiones de su propia persona divina. El Crucificado que “vive”, que ha resucitado, que vive una existencia nueva, plena, diferente a la nuestra,  es alguien que desciende siempre a nuestros secretos y confusos senderos, que se pone a caminar con nosotros como con aquellos que iban a Emaús.

El Resucitado ha descendido a lo más hondo y más oscuro de la existencia humana, a la morada de la muerte (sheol o hades), para anunciar el Evangelio de la salvación a los hombres de todos los tiempos y todas las razas que esperaban un Libertador, a los mendigos y Lázaros de la historia… Descendió  a esa “soledad poblada de aullidos”, a los abismos del sufrimiento humano.

El Resucitado ha descendido a las secretas mazmorras del corazón humano, a tantas cárceles y cadenas que nos tienen retenidos, a tanto infortunio e  injusticia …Él no vuelve el rostro para mirar a otro lado.

El Resucitado es el Buen Samaritano de todo hombre, de toda mujer.

El Resucitado ha descendido a lo más hondo y más oscuro de ti, que no tienes fuerzas para salir, que buscas todavía tesoros imposibles en la basura del mundo. Él ha descendido para alzar de la basura al pobre.

El Resucitado ha descendido,  desciende siempre. Solamente lo de Dios es siempre, no es capricho o azar de un momento. Su misericordia es eterna. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Ha descendido a mi infierno  personal, ha visitado y redimido la condición humana. En Jesucristo, muerto y resucitado, ha suscitado una fuerza de salvación para todos los hombres…Estando yo sin fuerzas,  me salvó.

El Resucitado ha descendido para llamarnos, para levantarnos, para sacarnos de nuestras cárceles, para llevarnos con Él…porque “no es bueno que el hombre esté solo”. Y solamente Jesucristo trae amor eterno a nuestro corazón, con el Espíritu Santo que nos da desde el Padre. Solamente Él es verdadera compañía del corazón del hombre, del corazón de la mujer. Jesucristo es fiel, testigo fiel, que no puede negarse a sí mismo. Si le negamos, Él permanece fiel, permanece siempre con nosotros. Disculpa siempre, perdona siempre, aguanta siempre, espera siempre. Jesucristo nos dice:  “Permaneced en Mí, como Yo en vosotros”… porque no es bueno que el hombre esté solo; pues, aunque tan hermoso, es breve todo amor humano, ay, y vosotros habéis sido creados por Mí para el amor eterno, para la vida eterna, para la comunión, para el amor y la unidad con el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, para vivir plenamente en la eterna y hermosa morada de la muy Santa Trinidad. Con la sangre de mi Cruz,  he sellado eterna alianza de amor con vosotros, contigo  ¿Te acuerdas? No lo olvides nunca.

 

Hombres y mujeres que leáis estas líneas, cualquiera que seáis, amigos y hermanos todos: Santísima y Feliz Pascua 2014. Aunque tengáis, tengamos,  cerradas las puertas por los miedos que sean, el Resucitado desciende y atraviesa todo obstáculo. Aunque no nos enteremos, El Resucitado, Señor del amor y de la vida, es más grande que nuestra conciencia, que nuestro corazón ¡Alleluia! Exultemos y alegrémonos ante la Buena Noticia de Jesucristo Resucitado, nuestro Amor eterno, nuestro Salvador ¡Alleluia!

 

Haec  dies  quam fecit Dominus, exultemus et laetemur  in  ea